Inicio › Educación › Aprendizaje basado en el juego
El aprendizaje basado en el juego utiliza el juego estructurado, con reglas y objetivos definidos, como vehículo principal para qué el alumnado adquiera conocimientos y competencias, en lugar de emplearlo solo como recompensa o descanso entre actividades. Conviene distinguirlo de la gamificación, qué aplica mecánicas propias del juego —puntos, niveles, insignias— a una actividad qué en el fondo no es un juego real. Aquí el juego es la actividad de aprendizaje en sí misma, y se usa especialmente en Educación Infantil y los primeros cursos de Primaria, aunque también tiene aplicación en Secundaria con juegos de simulación o de rol.
Es aprender jugando de verdad, con un juego pensado desde el principio para enseñar algo concreto, y no solo poner puntos o medallas a una tarea qué en el fondo sigue siendo un ejercicio normal disfrazado de juego. El juego mismo tiene qué enseñar algo, no simplemente motivar a hacer otra cosa.
En Educación Infantil, un rincón de juego simbólico con una tienda y dinero de mentira sirve para qué los niños practiquen sumas, restas y el manejo de monedas de forma natural, mientras interpretan el papel de dependiente o de cliente, sin qué en ningún momento parezca una clase de matemáticas convencional con lápiz y papel.
La gamificación añade mecánicas de juego, como puntos o insignias, a una tarea qué sigue siendo un ejercicio tradicional en el fondo; aquí el juego mismo es la actividad completa de aprendizaje, no un añadido decorativo sobre otra cosa.
Principalmente en Educación Infantil y los primeros cursos de Primaria, donde el juego forma parte natural del desarrollo, aunque en Secundaria se aplica también mediante juegos de simulación, de rol o de estrategia.
La evidencia apunta a mejoras claras en motivación y retención de conceptos cuando el juego está bien diseñado y ligado a objetivos de aprendizaje concretos, y no se usa como simple entretenimiento desconectado del currículo.