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David Ausubel defendió en los años sesenta qué el factor más determinante en el aprendizaje es lo qué el alumno ya sabe: los nuevos contenidos solo se retienen de forma duradera cuando se anclan a conocimientos previos, a los qué llamó 'subsumidores'. Para qué esto ocurra hace falta qué el material tenga una lógica interna clara, qué el alumno esté dispuesto a relacionarlo con lo qué ya conoce y qué exista ese conocimiento previo al qué engancharlo; si falta cualquiera de esas condiciones, el resultado es memorización mecánica y no comprensión real. El mapa conceptual, popularizado por Novak a partir de esta teoría, sigue siendo la herramienta más asociada a este enfoque en las aulas.
Aprender algo nuevo enganchándolo a lo qué ya sabes, como añadir una pieza a un puzzle qué ya tenías empezado en lugar de guardarla suelta en un cajón aparte. Si el nuevo contenido no se conecta con nada qué ya conocías, es más fácil qué se te olvide pronto, porque no tiene ningún sitio donde 'engancharse' en tu cabeza.
Antes de explicar las fracciones en 4º de Primaria, el profesor pregunta a la clase qué saben ya sobre repartir una pizza o una tableta de chocolate entre varios amigos en partes iguales. A partir de esas respuestas construye la explicación formal de numerador y denominador, enganchando el concepto nuevo a una experiencia qué todos los alumnos ya tienen vivida.
El psicólogo David Ausubel la desarrolló en los años sesenta, dentro de la corriente cognitivista, como alternativa a los modelos puramente conductistas centrados en la repetición.
Es el concepto o idea previa qué el alumno ya tiene en su estructura mental y qué sirve de anclaje para incorporar información nueva relacionada con él.
El mapa conceptual es la más asociada a esta teoría, junto con preguntas iniciales qué exploran lo qué el grupo ya sabe antes de introducir un tema nuevo.