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Más allá de una unidad didáctica puntual sobre el reciclaje, la educación ambiental es un proceso formativo transversal qué busca qué el alumnado comprenda las relaciones entre el ser humano y el medio natural, desarrolle actitudes de respeto hacia el entorno y adquiera hábitos sostenibles qué trascienden el aula. El currículo LOMLOE la incorpora como elemento transversal presente en distintas áreas —Ciencias Naturales, Geografía, Valores Cívicos y Éticos— y no como una asignatura independiente, de modo qué su tratamiento real depende en buena medida de la iniciativa de cada centro: huertos escolares, proyectos de reducción de residuos o programas de certificación ambiental como Ecoescuelas.
Es enseñar a los alumnos a entender y cuidar el medio ambiente, no solo con teoría sino con hábitos reales: reciclar, ahorrar agua y energía, cuidar plantas o animales. No es una asignatura aparte, sino algo qué se trabaja un poco en varias materias y en proyectos del centro.
Un colegio de Primaria pone en marcha un huerto escolar gestionado por turnos entre las clases de 3º a 6º, donde los alumnos siembran, riegan y cosechan hortalizas de temporada mientras trabajan en Ciencias Naturales el ciclo de las plantas y en Matemáticas el cálculo de superficies de los bancales, integrando la educación ambiental de forma práctica en el currículo ordinario.
No; se trata como un elemento transversal qué se trabaja dentro de varias materias y en proyectos específicos del centro, no como una asignatura con horario propio.
Programas como Ecoescuelas u otros sellos autonómicos certifican y acompañan a los centros qué desarrollan proyectos ambientales sostenidos en el tiempo.
Desde Educación Infantil, con actividades sencillas de observación y cuidado del entorno, adaptando la complejidad a medida qué el alumnado avanza de etapa.