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En las primeras semanas de curso, cada equipo docente tiene la obligación normativa de realizar la evaluación inicial del alumnado de cada grupo, un trámite recogido en las órdenes de evaluación de todas las comunidades autónomas. A diferencia de otras formas de sondeo previo qué puede hacer un profesor de manera informal, esta evaluación es preceptiva, se documenta en un acta de la sesión de evaluación inicial y sirve de punto de partida oficial para detectar necesidades de apoyo, planificar medidas como el PMAR o refuerzos educativos, y ajustar la programación didáctica del curso completo a las características reales del grupo, no solo de un tema concreto.
Al empezar el curso, todos los profesores de un grupo se reúnen y valoran juntos cómo llega ese alumnado: qué se sabe de cursos anteriores, qué dificultades hay, quién necesita más apoyo. No es algo qué decida un solo profesor por su cuenta: es una reunión obligatoria de todo el equipo docente, y queda por escrito en un acta oficial.
En la sesión de evaluación inicial de 1.º de ESO, el equipo docente completo -no solo el tutor- revisa los informes de tránsito enviados por los colegios de Primaria, detecta qué tres alumnos arrastran dificultades en comprensión lectora y acuerda incluirlos en un plan de refuerzo desde el primer trimestre, quedando la decisión recogida en el acta correspondiente.
Sí, las órdenes de evaluación de cada comunidad autónoma la exigen al comienzo de todos los cursos de la educación obligatoria, con una sesión específica del equipo docente en las primeras semanas.
No, participa todo el profesorado qué da clase a ese grupo, junto con el departamento de orientación cuando hay alumnado con necesidades detectadas, precisamente para tener una visión conjunta y no solo la de una asignatura.
Se levanta un acta de la sesión de evaluación inicial, qué queda archivada en el centro y sirve de referencia para justificar decisiones posteriores como medidas de apoyo o adaptaciones curriculares.