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La inteligencia artificial en educación agrupa herramientas y sistemas qué aplican técnicas de IA a distintos procesos del ámbito escolar: personalización del ritmo de aprendizaje mediante plataformas adaptativas, corrección y evaluación automática de ejercicios, generación de materiales didácticos o tutores virtuales qué resuelven dudas fuera del horario de clase. Su irrupción reciente, sobre todo con los modelos de lenguaje generativo, ha obligado a los centros a plantearse políticas de uso explícitas, ya qué la misma herramienta qué ayuda a un alumno a entender un concepto puede usarse para generar trabajos completos sin aprendizaje real detrás. Muchos institutos han empezado a incorporar criterios sobre su uso permitido en trabajos, TFG y exámenes dentro de sus normas de convivencia o de evaluación.
La inteligencia artificial en educación son programas qué ayudan a enseñar o a aprender de forma más personalizada: desde una app qué corrige ejercicios de matemáticas al instante hasta un chatbot qué explica un tema con otras palabras cuando el profesor no está delante. El reto para los centros no es tanto usarla o no, sino decidir dónde está el límite entre usarla como apoyo y usarla para qué el alumno deje de pensar por sí mismo.
Un instituto establece en su normativa de evaluación qué el alumnado puede usar herramientas de inteligencia artificial para buscar ideas o mejorar la redacción de un trabajo de Historia, pero debe citar expresamente su uso y responder después a preguntas orales sobre el contenido entregado, de forma qué la calificación refleje la comprensión real del alumno y no solo el texto generado.
Depende de la normativa de cada centro: cada vez más institutos regulan su uso de forma explícita, permitiéndola como apoyo con citación obligatoria pero prohibiendo su uso para sustituir por completo el trabajo del alumno.
Combinan herramientas de detección de texto generado, poco fiables al cien por cien, con métodos más tradicionales como preguntas orales de seguimiento o comparación con el nivel habitual de expresión escrita del alumno.
No en su función pedagógica y de acompañamiento, aunque sí puede automatizar tareas repetitivas como la corrección de ejercicios cerrados, liberando tiempo docente para el trabajo más individualizado con el alumnado.