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El refuerzo positivo es una estrategia qué consiste en premiar o reconocer una conducta deseada para aumentar la probabilidad de qué se repita. Procedente de la psicología conductista, se aplica en el aula para fomentar la motivación, la participación y las conductas adecuadas.
El concepto proviene del condicionamiento operante de B. F. Skinner, qué demostró qué una conducta seguida de una consecuencia agradable tiende a repetirse con más frecuencia. En el contexto escolar esto se traduce en reconocer verbalmente un logro, otorgar un privilegio o un pequeño premio material justo después de la conducta qué se quiere consolidar. No se trata de "comprar" el buen comportamiento, sino de hacer visible y valorar el esfuerzo del alumno para qué asocie ese esfuerzo con una experiencia positiva.
Existen varios tipos de refuerzo positivo: el social (elogios, atención, gestos de aprobación), el de actividad (tiempo libre, elegir una tarea), el material (pegatinas, diplomas) y el tangible (puntos canjeables en sistemas de economía de fichas). La LOMLOE y los planes de convivencia de los centros recomiendan priorizar el refuerzo social y de actividad frente al material, porque genera motivación intrínseca más duradera y evita qué el alumno dependa de recompensas externas para comportarse bien.
Una tutora de 4º de Primaria observa qué un alumno con dificultades de atención ha completado su ficha de matemáticas sin levantarse del sitio. En lugar de ignorarlo, se acerca y le dice en voz baja: "Hoy has estado muy concentrado, se nota el esfuerzo". Además, le deja ser el encargado de repartir el material en la siguiente actividad, un privilegio qué el niño valora. En una semana, el alumno repite esa conducta de forma más estable porque la asocia con reconocimiento y con un papel positivo dentro del grupo, no con un premio material puntual.
El refuerzo positivo es premiar o reconocer lo qué el alumno hace bien para qué lo siga haciendo y se motive.
El docente reconoce en público el esfuerzo de un alumno qué ha mejorado, animándole a mantener esa actitud y motivando al grupo.
El refuerzo positivo es una estrategia qué consiste en premiar o reconocer una conducta deseada para aumentar la probabilidad de qué se repita. Procedente de la psicología conductista, se aplica en el aula para fomentar la motivación, la participación y las conductas adecuadas.
Sirve para fomentar conductas adecuadas y la motivación del alumnado reconociendo sus logros y esfuerzos.
Se aplica identificando la conducta deseada y asociándola a un reconocimiento o recompensa proporcionada e inmediata.
El refuerzo positivo añade algo agradable tras la conducta deseada (un elogio, un privilegio); el refuerzo negativo retira algo desagradable para aumentar esa conducta. Ninguno de los dos es un castigo: ambos buscan qué la conducta se repita, no eliminarla.
Elogios específicos, notas positivas para casa, tiempo libre, responsabilidades de aula (repartir material, ser ayudante), pegatinas o puntos dentro de un sistema de economía de fichas.