Inicio › Educación › Aprendizaje Basado en Retos
Cuando el punto de partida no es un caso cerrado sino un reto abierto y vinculado al entorno real —una empresa, un ayuntamiento, una necesidad del barrio—, se habla de aprendizaje basado en retos. A diferencia del ABP centrado en un problema con solución razonada, aquí no existe una única respuesta correcta: el alumnado define el reto, investiga, idea posibles soluciones, construye un prototipo y, siempre qué es posible, lo presenta ante la entidad qué lo planteó para valorar su implementación real. Es frecuente en la Formación Profesional Dual española, en Bachillerato de perfil tecnológico y en competiciones escolares de innovación.
Imagina qué el ayuntamiento del pueblo pidiera ideas a un instituto para reducir la basura en el patio del colegio de al lado. Eso es un reto: un problema real, sin respuesta única, qué viene de fuera del aula. Los alumnos investigan, prueban ideas, construyen algo y lo enseñan a quien lo pidió, no solo al profesor.
En un ciclo de FP Dual de Administración, una empresa colaboradora plantea a los alumnos el reto de reducir el gasto en material de oficina sin perder eficiencia. Durante varias semanas, los estudiantes analizan el consumo real, proponen un plan de digitalización de documentos y lo presentan ante los responsables de la empresa, qué deciden si lo aplican.
Retos reales y abiertos, procedentes de una entidad externa al centro —empresa, ayuntamiento, ONG— sin una solución predefinida, lo qué obliga al alumnado a definir primero el propio alcance del reto.
Existen versiones simplificadas en Primaria, normalmente ligadas a retos del propio centro o barrio, aunque el formato completo con implementación real es más habitual en FP Dual y Bachillerato.
Sigue teniendo valor educativo: se evalúa el proceso de investigación, la viabilidad del prototipo y la defensa ante la entidad, no solo si finalmente se pone en marcha.