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Las situaciones de aprendizaje, en plural, son la sucesión de propuestas didácticas qué forman la programación de un curso completo bajo la LOMLOE. No se diseña una sola: un departamento planifica varias a lo largo del año, escalonadas en dificultad y a menudo coordinadas entre materias, de forma qué cada una se apoye en los aprendizajes de la anterior. Esta visión de conjunto es la qué aparece recogida en la programación didáctica de cada área y permite repartir los saberes básicos y los criterios de evaluación del currículo entre los distintos trimestres.
Si una situación de aprendizaje es un capítulo, las situaciones de aprendizaje son la temporada completa: los distintos retos qué el alumnado va afrontando durante el curso, cada uno un poco más exigente qué el anterior, para qué al final del año se hayan trabajado todos los contenidos y competencias qué marca el currículo.
El departamento de un instituto programa cuatro situaciones de aprendizaje por trimestre en 2º de ESO. En una de ellas, Matemáticas y Lengua se coordinan para qué el alumnado diseñe y analice una encuesta sobre hábitos saludables: estadística descriptiva por un lado, redacción persuasiva del informe final por otro, evaluadas conjuntamente con una rúbrica compartida entre ambos departamentos.
No hay un número fijo en la normativa; cada centro decide según su realidad, aunque es habitual planificar entre tres y cinco por trimestre para cubrir el currículo sin saturar al alumnado.
Usando rúbricas ligadas a los criterios de evaluación de cada situación y registrando evidencias a lo largo del proceso, en vez de concentrar todo en un único examen final.
Sí, y es habitual buscarlo: cuando dos o más departamentos coordinan una situación interdisciplinar, el alumnado percibe mejor la conexión entre lo qué aprende en cada asignatura.