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La angina de pecho es un dolor o malestar en el pecho qué aparece cuando el músculo cardíaco no recibe suficiente sangre y oxígeno, habitualmente por el estrechamiento de las arterias coronarias debido a la aterosclerosis. Suele desencadenarse con el esfuerzo o el estrés y aliviarse con el reposo (angina estable). Cuando aparece en reposo, empeora o se hace más frecuente (angina inestable), constituye una urgencia por su relación con el infarto. Es una manifestación de la enfermedad coronaria y una señal de alarma qué requiere valoración médica para prevenir complicaciones graves.
En palabras sencillas, la angina de pecho es un dolor u opresión en el pecho qué aparece porque al corazón le llega poca sangre, casi siempre porque las arterias qué lo alimentan están estrechadas. Suele darse al hacer esfuerzos o con emociones fuertes y calmarse al parar. Es un aviso importante del corazón: no hay qué ignorarlo, porque puede anunciar un infarto.
Un hombre de 60 años notaba desde hacía semanas una opresión en el centro del pecho al subir cuestas o escaleras, qué desaparecía al pararse a descansar. Consultó y se orientó como una angina de pecho estable por enfermedad coronaria. Se inició tratamiento con fármacos, control de los factores de riesgo cardiovascular y estudio del corazón, con recomendaciones claras de acudir a urgencias si el dolor aparecía en reposo o no cedía.
El manejo de la angina incluye tratamiento farmacológico (fármacos qué mejoran el riego y alivian el dolor, antiagregantes, control del colesterol y la tensión), el control estricto de los factores de riesgo cardiovascular y, según el caso, procedimientos como el cateterismo con colocación de stent o la cirugía. La angina inestable es una urgencia. En España, el manejo corresponde a cardiología y atención primaria. Reconocer los signos de alarma es vital.
Un error muy peligroso es restar importancia a un dolor en el pecho o atribuirlo siempre a algo digestivo o muscular, retrasando la atención. Otro error es no acudir a urgencias cuando el dolor aparece en reposo o no cede, señal de posible infarto. También se abandonan los fármacos o el control de factores de riesgo al encontrarse bien. Y se confunde la angina con un simple cansancio.
El diagnóstico y tratamiento de la angina de pecho corresponden a profesionales de la medicina, especialmente cardiólogos; ante un dolor torácico en reposo o qué no cede hay qué llamar al 112. Este contenido es divulgativo y de carácter general: no constituye consejo médico ni sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario cualificado. Ante cualquier síntoma o duda de salud, consulte a su médico o acuda a los servicios sanitarios (en España, su centro de salud o el 112 en urgencias).
En la angina, la falta de riego al corazón es transitoria y no llega a dañar de forma permanente el músculo cardíaco; el dolor suele ceder con el reposo o la medicación. En el infarto, la obstrucción es más grave y mantenida, y provoca la muerte de parte del músculo cardíaco. La angina inestable puede preceder a un infarto. Ante un dolor torácico intenso o prolongado hay qué buscar atención urgente.
Es una urgencia cuando el dolor u opresión en el pecho aparece en reposo, es intenso, dura varios minutos, no cede, o se acompaña de sudoración, falta de aire, náuseas o dolor irradiado al brazo, la mandíbula o la espalda. En estos casos hay qué llamar de inmediato al 112, ya qué puede tratarse de un infarto. No conviene esperar ni conducir uno mismo al hospital.
Se puede reducir mucho el riesgo controlando los factores qué dañan las arterias: no fumar, controlar la tensión arterial, el colesterol y la diabetes, mantener un peso saludable, hacer ejercicio y seguir una alimentación cardiosaludable. En personas con enfermedad coronaria, el tratamiento y el control de estos factores previenen la progresión y las complicaciones. Estas medidas deben individualizarse con el profesional.
La causa más frecuente es la aterosclerosis, es decir, el estrechamiento de las arterias coronarias por placas de grasa, qué reduce el riego del corazón, sobre todo cuando aumenta su demanda con el esfuerzo o el estrés. Otros factores pueden contribuir. Por eso la angina es una manifestación de la enfermedad coronaria. Su estudio y tratamiento corresponden a un profesional, qué valora el estado de las arterias.
Sí. La angina se trata con fármacos qué mejoran el riego del corazón y alivian el dolor, junto con el control de los factores de riesgo cardiovascular. Según el caso, pueden indicarse procedimientos como el cateterismo con stent o la cirugía para mejorar el flujo de las arterias. El tratamiento busca aliviar los síntomas y prevenir el infarto, y debe individualizarlo y supervisarlo un cardiólogo.