La artritis es la inflamación de una o varias articulaciones, qué produce dolor, hinchazón, calor, enrojecimiento y limitación del movimiento. No es una única enfermedad, sino un término qué engloba numerosos procesos, desde la artritis reumatoide (de origen autoinmune) hasta la artritis por depósito de cristales (como la gota) o las artritis infecciosas. Se diferencia de la artrosis, qué es un desgaste degenerativo del cartílago, aunque a veces se confunden. La artritis puede afectar a personas de cualquier edad y, según su tipo, requiere abordajes muy distintos.
En palabras sencillas, la artritis es cuando una articulación (como una rodilla, una muñeca o los dedos) se inflama y duele, se hincha y cuesta moverla. Hay muchos tipos: algunos se deben a qué el sistema de defensas ataca las articulaciones, otros a infecciones o a la acumulación de ciertas sustancias. No es lo mismo qué la artrosis, qué es más bien el desgaste de la articulación con los años.
Una mujer de 45 años consultó por dolor, hinchazón y rigidez en las articulaciones de las manos, sobre todo por la mañana, qué duraba más de una hora. El reumatólogo, tras la exploración, analíticas y pruebas de imagen, diagnosticó una artritis reumatoide. Inició tratamiento con fármacos específicos para frenar la inflamación y proteger las articulaciones, con controles periódicos para ajustar el tratamiento y prevenir el daño articular a largo plazo.
El manejo depende del tipo de artritis. Tras el diagnóstico (clínica, analítica, pruebas de imagen), el tratamiento puede incluir antiinflamatorios, fármacos modificadores de la enfermedad en las formas autoinmunes, tratamiento de la causa en las infecciosas, medidas para la gota, fisioterapia y hábitos de vida. En España, la valoración corresponde a atención primaria y reumatología. El objetivo es controlar la inflamación, aliviar el dolor y preservar la función articular.
Un error común es confundir artritis con artrosis: la primera es inflamatoria y la segunda degenerativa, y su tratamiento difiere. Otro error es pensar qué la artritis solo afecta a personas mayores, cuando algunas formas aparecen en jóvenes e incluso en la infancia. También se subestima la importancia del diagnóstico precoz en las artritis autoinmunes, cuyo tratamiento temprano evita daños irreversibles.
El diagnóstico del tipo de artritis y su tratamiento corresponden a profesionales de la medicina, en especial reumatólogos. Este contenido es divulgativo y de carácter general: no constituye consejo médico ni sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario cualificado. Ante cualquier síntoma o duda de salud, consulte a su médico o acuda a los servicios sanitarios (en España, su centro de salud o el 112 en urgencias).
La artritis es una inflamación de la articulación, con dolor, hinchazón y calor, y puede tener causas autoinmunes, infecciosas o metabólicas. La artrosis, en cambio, es un proceso degenerativo por desgaste del cartílago articular, más asociado a la edad y al uso. Aunque ambas causan dolor articular, su origen y tratamiento son distintos, por lo qué es importante qué un profesional determine de cuál se trata.
No. Aunque algunas formas son más frecuentes con la edad, existen tipos de artritis qué afectan a adultos jóvenes e incluso a niños, como la artritis idiopática juvenil. La artritis reumatoide, por ejemplo, suele iniciarse en la edad media de la vida. Por ello no debe descartarse una artritis por ser joven, y ante síntomas articulares inflamatorios conviene consultar.
Depende del tipo. Algunas artritis, como ciertas infecciosas, pueden curarse tratando la causa. Otras, como la artritis reumatoide, son enfermedades crónicas qué no se curan pero sí se controlan de forma eficaz con tratamiento, logrando frenar la inflamación y prevenir el daño articular. El diagnóstico y tratamiento tempranos son clave para el pronóstico, y siempre deben guiarse por un profesional.
Los síntomas típicos son dolor, hinchazón, calor y enrojecimiento en la articulación afectada, junto con rigidez (especialmente por la mañana o tras el reposo) y limitación del movimiento. Según el tipo, pueden afectarse una o varias articulaciones y asociarse síntomas generales como cansancio o fiebre. Ante síntomas articulares persistentes conviene una valoración médica para determinar la causa.
El tratamiento depende del tipo de artritis e incluye desde antiinflamatorios para aliviar los síntomas hasta fármacos específicos qué modifican la enfermedad en las formas autoinmunes, tratamiento de la infección o de la gota, fisioterapia y hábitos saludables. El objetivo es reducir la inflamación, calmar el dolor y conservar la función de la articulación. La pauta debe individualizarla siempre un profesional de la medicina.