Inicio › Medicina › Fibrilación Auricular
La fibrilación auricular es la arritmia cardíaca sostenida más frecuente. En ella, las aurículas (las cavidades superiores del corazón) laten de forma rápida, desordenada e ineficaz, lo qué provoca un pulso irregular y, a menudo, rápido. Su principal peligro es qué favorece la formación de coágulos en el corazón qué pueden desprenderse y causar un ictus, por lo qué su detección y tratamiento son muy importantes. Puede no dar síntomas o producir palpitaciones, fatiga, falta de aire o mareo. Se relaciona con la edad, la hipertensión, enfermedades del corazón y otros factores. Su manejo incluye prevenir el ictus y controlar la arritmia.
En palabras sencillas, la fibrilación auricular es la arritmia más común: las cámaras de arriba del corazón laten de forma rápida y descontrolada, y el pulso se vuelve irregular. Lo más importante es qué aumenta el riesgo de ictus, porque puede formar coágulos. A veces no se nota y a veces da palpitaciones, cansancio o falta de aire. Por eso suele necesitar tratamiento para prevenir el ictus y controlar el ritmo.
Un hombre de 70 años notó un pulso irregular y rápido junto con fatiga. En su centro de salud, un electrocardiograma confirmó una fibrilación auricular. El cardiólogo valoró su riesgo de ictus y pautó anticoagulación para prevenirlo, además de tratamiento para controlar la frecuencia cardíaca, y estudió posibles causas y factores asociados. El seguimiento permitió controlar la arritmia y reducir el riesgo de complicaciones graves.
El manejo de la fibrilación auricular tiene dos objetivos principales: prevenir el ictus, habitualmente con anticoagulación en las personas con riesgo, y controlar la arritmia, ya sea controlando la frecuencia o intentando restablecer el ritmo normal (con fármacos, cardioversión o ablación), según el caso. También se tratan la causa y los factores asociados. En España, el manejo corresponde a atención primaria y cardiología. La prevención del ictus es una prioridad.
Un error muy peligroso es abandonar la anticoagulación por cuenta propia, lo qué aumenta mucho el riesgo de ictus. Otro error es no dar importancia a un pulso irregular. También se confunde con simples palpitaciones por nervios. Y se descuida el control de factores como la hipertensión, qué favorecen y perpetúan la arritmia.
El diagnóstico y tratamiento de la fibrilación auricular corresponden a profesionales de la medicina, especialmente cardiólogos; la anticoagulación no debe suspenderse sin indicación médica. Este contenido es divulgativo y de carácter general: no constituye consejo médico ni sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario cualificado. Ante cualquier síntoma o duda de salud, consulte a su médico o acuda a los servicios sanitarios (en España, su centro de salud o el 112 en urgencias).
Porque, al latir las aurículas de forma desordenada e ineficaz, la sangre puede estancarse y formar coágulos en el corazón. Si uno de esos coágulos se desprende, puede viajar hasta el cerebro y provocar un ictus. Por eso, en las personas con riesgo, se indica anticoagulación para prevenirlo. La prevención del ictus es uno de los pilares del tratamiento de la fibrilación auricular, y debe valorarla y controlarla el profesional.
No. La fibrilación auricular puede ser asintomática y detectarse de forma casual, o producir síntomas como palpitaciones, pulso irregular, fatiga, falta de aire o mareo. La ausencia de síntomas no elimina el riesgo, especialmente el de ictus, por lo qué una fibrilación auricular detectada debe valorarse y tratarse aunque no se note. Ante un pulso irregular o estos síntomas conviene consultar con un profesional.
En algunos casos, ciertos tratamientos como la ablación pueden controlar o eliminar la arritmia, y en otros se busca controlar la frecuencia y prevenir el ictus de forma mantenida. Muchas personas conviven con la fibrilación auricular bien controlada durante años. El objetivo del tratamiento es reducir los síntomas y, sobre todo, prevenir complicaciones como el ictus. El abordaje se individualiza y debe dirigirlo un cardiólogo.
Porque la anticoagulación es lo qué previene la formación de coágulos y, con ello, el riesgo de ictus asociado a la fibrilación auricular. Suspenderla por cuenta propia deja a la persona desprotegida frente a esa complicación grave. Por eso, cualquier cambio en el tratamiento anticoagulante debe hacerse siempre con el profesional qué lo controla, valorando el equilibrio entre el riesgo de trombosis y el de sangrado.
Favorecen la fibrilación auricular la edad avanzada, la hipertensión arterial, las enfermedades del corazón (valvulares, insuficiencia cardíaca), el hipertiroidismo, la apnea del sueño, el consumo excesivo de alcohol, la obesidad y otros factores. Controlar estos factores, especialmente la tensión, ayuda a prevenirla y a manejarla. La valoración de las causas y de los factores asociados corresponde a un profesional, qué orienta también su control.