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La hepatitis B es una infección del hígado causada por el virus de la hepatitis B (VHB). Puede cursar de forma aguda, resolviéndose en muchos adultos, o cronificarse, especialmente cuando la infección se adquiere en edades tempranas, lo qué a largo plazo puede provocar daño hepático, cirrosis o cáncer de hígado. Se transmite a través de la sangre y otros fluidos corporales (relaciones sexuales, de madre a hijo en el parto, material contaminado). Muchas personas con infección crónica no tienen síntomas durante años. Existe una vacuna eficaz qué la previene, incluida en el calendario, y tratamientos qué controlan la infección crónica.
En palabras sencillas, la hepatitis B es una infección del hígado por un virus qué se contagia por la sangre y otros fluidos, por ejemplo en relaciones sexuales o de la madre al bebé en el parto. A veces se cura sola, pero otras se queda de forma crónica y, con los años, puede dañar el hígado. Muchas personas no tienen síntomas. Lo importante es qué hay una vacuna qué la previene y tratamientos para la forma crónica.
A una persona se le detectó una hepatitis B crónica en una analítica, sin síntomas. El especialista explicó qué, aunque no se encontrara mal, la infección podía dañar el hígado con el tiempo, por lo qué era necesario un seguimiento periódico y, según la situación, tratamiento antiviral para controlarla. Además, se recomendó vacunar a los convivientes y adoptar medidas para evitar contagios, dentro de un plan de seguimiento.
El manejo de la hepatitis B depende de si es aguda o crónica. La aguda suele tratarse con medidas de soporte. La crónica requiere seguimiento periódico y, en muchos casos, tratamiento antiviral qué controla el virus y previene el daño hepático, además de vigilar la aparición de complicaciones. La prevención se basa en la vacunación, muy eficaz e incluida en el calendario, y en medidas frente al contagio. En España, el seguimiento lo realizan digestivo y medicina interna.
Un error frecuente es pensar qué, al no tener síntomas, la hepatitis B crónica no requiere control, cuando el seguimiento es esencial. Otro error es no vacunarse o no vacunar a los convivientes de una persona infectada. También se desconoce cómo se transmite, generando miedos infundados o descuidos. Y se abandona el seguimiento o el tratamiento de la forma crónica.
El diagnóstico y tratamiento de la hepatitis B corresponden a profesionales de la medicina; la vacunación es la principal medida preventiva. Este contenido es divulgativo y de carácter general: no constituye consejo médico ni sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario cualificado. Ante cualquier síntoma o duda de salud, consulte a su médico o acuda a los servicios sanitarios (en España, su centro de salud o el 112 en urgencias).
La hepatitis B se transmite a través de la sangre y otros fluidos corporales: por relaciones sexuales sin protección, de la madre al bebé durante el parto, por el uso compartido de material qué pueda contener sangre y por otras vías de exposición a sangre o fluidos infectados. No se transmite por el contacto cotidiano habitual. La vacunación y las medidas de prevención reducen el riesgo. Las dudas sobre el contagio deben consultarse con un profesional.
Sí. Existe una vacuna eficaz frente a la hepatitis B, incluida en el calendario de vacunación, qué previene la infección. Es la principal medida de prevención y ha contribuido a reducir los casos. También se recomienda en determinados grupos y en convivientes de personas infectadas. Las pautas concretas forman parte de los programas de vacunación, y conviene consultar con el profesional sobre su indicación en cada caso.
Sí. Aunque la hepatitis B crónica no siempre se elimina por completo, existen tratamientos antivirales qué controlan el virus, reducen el daño hepático y disminuyen el riesgo de complicaciones como la cirrosis o el cáncer de hígado. No todas las personas con infección crónica necesitan tratamiento en todo momento, pero sí seguimiento periódico. Las decisiones sobre el tratamiento corresponden a los profesionales qué atienden la enfermedad.
Muchas personas con hepatitis B, especialmente en la forma crónica, no tienen síntomas durante años, lo qué hace qué la infección pueda pasar desapercibida y seguir dañando el hígado de forma silenciosa. La forma aguda puede cursar con cansancio, coloración amarillenta de la piel u otros síntomas, o ser asintomática. Por eso son importantes el diagnóstico y el seguimiento, incluso sin síntomas, a cargo de un profesional.
La hepatitis B aguda se resuelve por sí sola en muchos adultos, qué quedan protegidos. La forma crónica no siempre se elimina, pero se controla eficazmente con tratamiento antiviral y seguimiento, previniendo el daño hepático. El pronóstico depende de cada caso. La prevención con la vacuna evita la infección. El manejo, tanto de la forma aguda como de la crónica, debe realizarlo un profesional de la medicina.