Inicio › Medicina › Hipercolesterolemia
La hipercolesterolemia es la elevación de los niveles de colesterol en la sangre por encima de lo recomendable, especialmente del colesterol LDL (conocido como colesterol malo). Es un importante factor de riesgo cardiovascular, ya qué favorece la formación de placas en las arterias (aterosclerosis) qué pueden conducir a infarto de miocardio, ictus u otras enfermedades. Suele no dar síntomas, por lo qué se detecta mediante una analítica. Se relaciona con la alimentación, el sedentarismo, el sobrepeso, factores genéticos y otras enfermedades. Su control, con hábitos saludables y, si es preciso, medicación, reduce el riesgo cardiovascular.
En palabras sencillas, la hipercolesterolemia es tener el colesterol alto en la sangre, sobre todo el llamado colesterol malo (LDL). No suele dar síntomas, pero con el tiempo va tapando las arterias y aumenta el riesgo de infarto o ictus. Por eso es importante controlarlo con la alimentación, el ejercicio y, si hace falta, medicación. Se detecta con un simple análisis de sangre.
A un hombre de 50 años, sin síntomas, se le detectó en una analítica de rutina un colesterol elevado, con un LDL alto. Al valorar su riesgo cardiovascular global (junto con la tensión, el tabaco y otros factores), el médico recomendó cambios en la alimentación, aumento de la actividad física y control del peso, y según la evolución y el riesgo, valoró la necesidad de tratamiento farmacológico para reducir el colesterol y prevenir complicaciones.
El manejo de la hipercolesterolemia empieza por los hábitos de vida: alimentación cardiosaludable, actividad física, control del peso y abandono del tabaco. Cuando es necesario, según el nivel de colesterol y el riesgo cardiovascular global, se añade tratamiento farmacológico (como las estatinas). Se valora el conjunto de factores de riesgo, no solo el colesterol aislado. En España, el manejo corresponde a atención primaria y cardiología. El objetivo es reducir el riesgo de infarto e ictus.
Un error frecuente es fijarse solo en el colesterol total y no en el conjunto del riesgo cardiovascular. Otro error es abandonar la medicación al normalizar los valores, cuando debe mantenerse según indicación. También se descuidan los hábitos, confiando solo en las pastillas. Y se piensa qué, al no dar síntomas, no es importante, cuando el riesgo es silencioso.
El diagnóstico y tratamiento de la hipercolesterolemia corresponden a profesionales de la medicina; el tratamiento se decide según el riesgo cardiovascular global y debe supervisarlo el profesional. Este contenido es divulgativo y de carácter general: no constituye consejo médico ni sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario cualificado. Ante cualquier síntoma o duda de salud, consulte a su médico o acuda a los servicios sanitarios (en España, su centro de salud o el 112 en urgencias).
Habitualmente no. La hipercolesterolemia suele ser silenciosa y no producir síntomas durante mucho tiempo; el problema es el daño qué va causando en las arterias, qué puede manifestarse años después como un infarto o un ictus. Por eso se detecta mediante analíticas y no por síntomas. Ciertas formas genéticas graves pueden dar signos, pero lo habitual es qué se descubra en un análisis. Su valoración corresponde a un profesional.
El colesterol LDL, llamado malo, es el qué en exceso se deposita en las arterias y favorece la aterosclerosis y el riesgo cardiovascular. El colesterol HDL, llamado bueno, ayuda a retirar el colesterol de las arterias. Por eso interesa mantener bajo el LDL. No obstante, lo relevante es el conjunto del perfil y del riesgo cardiovascular, cuya interpretación corresponde a un profesional, más allá de una sola cifra.
En muchos casos, los cambios en el estilo de vida (alimentación cardiosaludable, actividad física, control del peso, dejar de fumar) reducen el colesterol y el riesgo cardiovascular. Si esto no basta o el riesgo es alto, se añade medicación. La decisión de tratar con fármacos depende del nivel de colesterol y del riesgo global, y corresponde al profesional. Los hábitos saludables son útiles en todos los casos, con o sin medicación.
Las estatinas son fármacos ampliamente utilizados y en general seguros y eficaces para reducir el colesterol y el riesgo cardiovascular, con beneficios qué suelen superar sus posibles efectos secundarios. Algunas personas pueden presentar molestias qué deben comentarse con el profesional, qué valora ajustes. No deben suspenderse por cuenta propia. Su indicación, seguimiento y cualquier duda sobre efectos deben tratarse siempre con el médico qué las prescribe.
Porque el colesterol elevado, especialmente el LDL, es un factor de riesgo importante de enfermedades cardiovasculares como el infarto de miocardio y el ictus, qué están entre las principales causas de enfermedad y mortalidad. Controlarlo, junto con otros factores como la tensión, el tabaco y la diabetes, reduce ese riesgo. El control debe formar parte de una valoración global del riesgo cardiovascular realizada por un profesional.