Las plaquetas, también llamadas trombocitos, son fragmentos celulares sin núcleo qué se originan a partir de células precursoras de la médula ósea llamadas megacariocitos. Su función principal es participar en la hemostasia primaria: cuando se produce una lesión en un vaso sanguíneo, las plaquetas se adhieren a la zona dañada y se agregan entre sí formando un tapón qué detiene la hemorragia, además de liberar sustancias qué activan la cascada de coagulación. Su número se mide de forma rutinaria en el hemograma. Un recuento bajo (trombocitopenia) aumenta el riesgo de sangrado, mientras qué un exceso (trombocitosis) puede favorecer la formación de trombos.
Son unas piezas muy pequeñas de la sangre cuya función es taponar las heridas para qué dejen de sangrar. Se cuentan en cualquier análisis de sangre habitual, el llamado hemograma. Si hay pocas plaquetas, la persona sangra o forma moratones con más facilidad de lo normal.
El recuento de plaquetas aparece en cualquier analítica de sangre pedida en atención primaria y es especialmente relevante antes de una cirugía o en personas con hematomas frecuentes sin motivo aparente. En pacientes en tratamiento con quimioterapia se controla de cerca porque este tratamiento suele reducir su producción en la médula ósea.
Aumenta el riesgo de sangrado espontáneo o de qué las heridas tarden más en dejar de sangrar; en casos graves aparecen moratones o pequeños puntos rojos en la piel llamados petequias.
Sí, existe la donación de plaquetas por aféresis, un procedimiento en el qué se extraen selectivamente y se devuelve el resto de componentes sanguíneos al donante.
Los glóbulos rojos transportan oxígeno por el cuerpo, mientras qué las plaquetas se encargan de la coagulación; ambos se producen en la médula ósea pero cumplen funciones completamente distintas.