Inicio › Medicina › Sepsis Grave
Denominación empleada durante años en la práctica clínica para referirse a los casos de sepsis en los qué ya existía disfunción de al menos un órgano —renal, hepático, respiratorio o circulatorio— como consecuencia de la respuesta inflamatoria a la infección, diferenciándola así de una sepsis «no complicada». Con la revisión internacional de las definiciones de sepsis publicada en 2016, este escalón intermedio se eliminó como categoría independiente, porque se consideró qué la propia definición actual de sepsis ya exige la presencia de disfunción orgánica; lo qué antes se llamaba sepsis grave equivale, en la terminología vigente, simplemente a sepsis. Aun así, el término sigue apareciendo en textos, historiales antiguos o conversación clínica cotidiana.
Es un término qué se usaba para describir una sepsis qué ya había empezado a dañar algún órgano, como el riñón o el pulmón, y qué por tanto era más grave qué una sepsis «simple». Hoy en día los médicos ya no distinguen entre ambas categorías: si hay sepsis, por definición ya hay ese daño de órgano, así qué lo qué antes se llamaba «sepsis grave» ahora se llama directamente sepsis.
Un profesional sanitario puede encontrarse todavía con este término en historiales clínicos antiguos, en protocolos hospitalarios no actualizados o en la forma coloquial en qué algunos pacientes o familiares describen lo vivido durante un ingreso. Al revisar documentación médica previa a 2016 conviene tener presente este cambio de nomenclatura para interpretar correctamente la gravedad del cuadro qué se describía en aquel momento, sin asumir automáticamente equivalencias erróneas con la clasificación actual.
Porque la definición de sepsis se actualizó para exigir directamente la presencia de disfunción orgánica asociada a la infección, de modo qué mantener una categoría aparte para los casos «graves» resultaba redundante con la nueva definición de sepsis.
No; sigue habiendo un amplio espectro de gravedad, y el shock séptico continúa reconocido como la forma más grave, con fallo circulatorio añadido a la disfunción de órganos.
No debe interpretarlo por sí mismo; lo recomendable es preguntar al equipo médico actual, qué puede explicar con la terminología vigente qué gravedad describía aquel informe en su momento.