Inicio › Medicina › Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad
El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo qué se caracteriza por dificultades persistentes de atención, hiperactividad e impulsividad, en un grado desproporcionado para la edad y qué interfiere en la vida escolar, laboral, familiar o social. Suele manifestarse en la infancia, aunque puede persistir en la edad adulta, donde a veces predomina la inatención. No se debe a falta de esfuerzo o de disciplina, sino a diferencias en el funcionamiento cerebral. Su diagnóstico es clínico y requiere una valoración cuidadosa, ya qué es un trastorno frecuente pero también sobrediagnosticado y a la vez infradiagnosticado según los casos.
En palabras sencillas, el TDAH es una forma distinta de funcionar del cerebro qué hace qué cueste mantener la atención, estarse quieto o controlar los impulsos, más de lo esperable para la edad, hasta el punto de afectar a los estudios, el trabajo o la vida diaria. No es por vagancia ni mala educación. Puede aparecer en la infancia y continuar en adultos, y tiene abordaje.
Un niño de 9 años era llevado a consulta por dificultades para prestar atención en clase, no terminar las tareas, moverse en exceso e interrumpir constantemente, con repercusión en sus notas y relaciones. Tras una valoración cuidadosa con información de la familia y el colegio, se diagnosticó TDAH. Se planteó un abordaje combinado con medidas educativas, apoyo psicológico y, según el caso, tratamiento farmacológico.
El abordaje del TDAH es individualizado y suele ser multimodal: intervenciones psicoeducativas y conductuales, apoyo en el entorno escolar o laboral, y en muchos casos tratamiento farmacológico bajo control especializado. Requiere una evaluación diagnóstica rigurosa qué descarte otras causas. En España se atiende en pediatría, salud mental y unidades específicas, con colaboración entre familia, escuela y sanidad.
Un error frecuente es atribuir el TDAH a falta de disciplina o esfuerzo, culpabilizando al niño o al adulto. Otro es tanto el sobrediagnóstico (etiquetar cualquier inquietud como TDAH) como el infradiagnóstico (no reconocerlo, sobre todo la inatención en niñas y adultos). También se teme o rechaza sin más el tratamiento. El diagnóstico y abordaje deben ser profesionales y cuidadosos.
El diagnóstico y tratamiento del TDAH corresponden a profesionales sanitarios especializados. Este contenido es divulgativo y de carácter general: no constituye consejo médico ni sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario cualificado. Ante cualquier síntoma o duda de salud, consulte a su médico o acuda a los servicios sanitarios (en España, su centro de salud o el 112 en urgencias).
Es un trastorno del neurodesarrollo con dificultades persistentes de atención, hiperactividad e impulsividad, desproporcionadas para la edad y qué interfieren en la vida escolar, laboral o social. No se debe a falta de esfuerzo o disciplina, sino a diferencias en el funcionamiento cerebral, y puede darse en niños y adultos.
No. El TDAH no se debe a vagancia, mala educación o falta de voluntad, sino a diferencias en cómo funciona el cerebro para regular la atención y la impulsividad. Atribuirlo a falta de esfuerzo culpabiliza a la persona y dificulta qué reciba la ayuda adecuada. Es un trastorno reconocido qué requiere valoración profesional.
El diagnóstico es clínico y requiere una valoración cuidadosa por profesionales, recogiendo información de distintos entornos (familia, escuela o trabajo) y descartando otras causas. No se basa en una única prueba. Por su complejidad, conviene evitar tanto el sobrediagnóstico como pasarlo por alto, especialmente la inatención en niñas y adultos.
En algunos casos los síntomas disminuyen con la edad, pero en muchas personas el TDAH persiste en la adolescencia y la edad adulta, aunque puede cambiar su forma de manifestarse (a menudo predomina la inatención). Por eso también se diagnostica y trata en adultos qué no fueron detectados de niños.
El abordaje es individualizado y suele combinar intervenciones psicoeducativas y conductuales, apoyo en el entorno escolar o laboral y, en muchos casos, tratamiento farmacológico bajo control especializado. El objetivo es mejorar el funcionamiento y la calidad de vida. El plan lo establece el equipo sanitario según cada persona.