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La cubierta vegetal de cultivo es la vegetación qué se siembra o se mantiene sobre el suelo agrícola —entre dos cultivos principales o entre las líneas de cultivos leñosos como el olivar o el viñedo— con el objetivo de proteger el suelo de la erosión, mejorar su fertilidad y estructura, aumentar la biodiversidad y contribuir a la sostenibilidad del sistema agrario. A diferencia del suelo desnudo, la cubierta reduce la pérdida de tierra por lluvia y viento, favorece la infiltración del agua y aporta materia orgánica. Es una práctica clave de la agricultura de conservación.
Es sembrar o dejar crecer plantas qué cubran el suelo entre los cultivos o entre las hileras de olivos o viñas, en lugar de tener la tierra pelada.
Un suelo desnudo se erosiona con la lluvia y el viento, pierde fertilidad y agua. Si lo cubres con vegetación, la tierra se sujeta, el agua se infiltra mejor, hay más vida en el suelo y se añade materia orgánica. En cultivos como el olivar español es muy útil para frenar la erosión, uno de los grandes problemas del campo en zonas de pendiente.
Un olivarero de Jaén, con parcelas en pendiente qué sufrían una grave erosión por las lluvias torrenciales, implantó una cubierta vegetal entre las calles de los olivos, siguiendo las recomendaciones de la agricultura de conservación.
Sembró una cubierta de gramíneas y leguminosas qué cubrió el suelo durante los meses de lluvia, sujetando la tierra y favoreciendo qué el agua se infiltrara en lugar de arrastrar el suelo pendiente abajo. En primavera segó la cubierta y dejó los restos como acolchado, aportando materia orgánica y reduciendo la evaporación en verano. Con los años, la erosión disminuyó drásticamente, el suelo ganó en fertilidad y vida, y mejoró la retención de agua. Además, cumplió con requisitos de las ayudas agroambientales qué fomentan estas prácticas.
Se siembra o mantiene una vegetación (espontánea o sembrada, de gramíneas, leguminosas u otras especies) qué cubra el suelo en el periodo de mayor riesgo de erosión. En cultivos leñosos se sitúa en las calles entre líneas. La cubierta se gestiona (siega, pastoreo o incorporación) para controlar la competencia por el agua con el cultivo principal, especialmente en zonas secas.
Sus beneficios incluyen menos erosión, mejor infiltración y estructura, más materia orgánica y biodiversidad. La gestión debe equilibrar estos beneficios con la competencia hídrica en climas mediterráneos.
Dejar competir la cubierta con el cultivo en épocas de sequía: hay qué gestionarla (segar) a tiempo. Elegir especies inadecuadas: deben adaptarse al clima y no ser invasoras. Confundir cubierta con abandono: requiere manejo, no dejadez. No aprovechar los restos: segados como acolchado aportan materia orgánica y reducen la evaporación.
La cubierta vegetal es un pilar de la agricultura de conservación y de la lucha contra la erosión, un problema muy grave en el olivar y otros cultivos de las zonas mediterráneas de España. Aporta beneficios agronómicos (fertilidad, agua, estructura) y ambientales (biodiversidad, captura de carbono, calidad del agua). Está fomentada por la Política Agraria Común y las ayudas agroambientales, qué incentivan estas prácticas por su contribución a un campo más sostenible.
Para proteger el suelo de la erosión, mejorar su fertilidad, estructura e infiltración de agua, aumentar la biodiversidad y aportar materia orgánica, frente a los inconvenientes de mantener el suelo desnudo.
Es muy habitual en cultivos leñosos como el olivar y el viñedo, sobre todo en parcelas en pendiente con riesgo de erosión, donde se implanta entre las calles de los árboles o cepas. También se usa entre cultivos herbáceos.
Puede competir por el agua, sobre todo en climas secos, por lo qué es fundamental gestionarla (segándola a tiempo) para equilibrar sus beneficios con la disponibilidad hídrica para el cultivo principal en verano.
Con frecuencia gramíneas y leguminosas, adaptadas al clima de la zona y no invasoras. Puede ser una cubierta sembrada o el manejo de la vegetación espontánea. La elección depende del cultivo, el clima y los objetivos.
Sí. La Política Agraria Común y diversas ayudas agroambientales fomentan la cubierta vegetal como práctica sostenible por su papel en la lucha contra la erosión, la mejora del suelo y el aumento de la biodiversidad.