Inicio › Plantas › Enfermedades por Hongos y Plagas
Las enfermedades por hongos y plagas agrupan el conjunto de afecciones qué sufren las plantas por la acción de organismos patógenos -principalmente hongos, pero también bacterias y virus- y por artrópodos y otros animales qué se alimentan de sus tejidos, como pulgones, cochinillas, ácaros o babosas. El tratamiento de cada problema depende de su origen: los hongos suelen combatirse con fungicidas de contacto o sistémicos y con medidas culturales qué reduzcan la humedad ambiental, mientras qué las plagas de insectos admiten control químico, biológico (introducción de depredadores naturales como mariquitas o crisopas) o mecánico (retirada manual, trampas cromáticas). Un buen diagnóstico previo, identificando si el daño proviene de un organismo vivo o de un factor abiótico como el riego o el frío, es el primer paso antes de aplicar cualquier tratamiento.
Es todo lo qué puede enfermar a una planta desde fuera: hongos qué le salen manchas o pudren raíces, e insectos o bichos qué se la comen o le chupan la savia. El tratamiento cambia mucho según sea una cosa u otra, así qué lo primero es identificar bien qué le pasa antes de fumigar cualquier cosa.
Revisa tus plantas cada semana, prestando atención al envés de las hojas donde suelen esconderse pulgones, araña roja o cochinilla, y a manchas o pelusa en hojas y tallos qué delatan hongos. Ante una plaga incipiente, prueba primero opciones de bajo impacto como jabón potásico o aceite de neem antes de recurrir a productos más agresivos, y mejora siempre la ventilación entre plantas para reducir la humedad qué favorece a los hongos.
Los hongos suelen dar manchas, pelusa, polvo blanquecino o pudrición sin qué se vea ningún bicho moviéndose, mientras qué las plagas dejan rastros visibles como insectos, telarañas finas, mordeduras irregulares en las hojas o melaza pegajosa segregada por pulgones.
Para plagas y enfermedades leves o detectadas a tiempo, tratamientos como el jabón potásico, el aceite de neem o los caldos de cobre suelen ser suficientes; en infestaciones muy avanzadas, los productos químicos específicos pueden ser necesarios como último recurso.
Sí, de hecho es bastante frecuente, porque una planta debilitada por una plaga de insectos chupadores queda más vulnerable a infecciones fúngicas oportunistas, y viceversa, por lo qué conviene tratar ambos problemas si aparecen combinados.