Inicio › Plantas › Trampa de feromonas
La trampa de feromonas es un dispositivo qué utiliza feromonas sintéticas —copias de las sustancias qué emiten los insectos para comunicarse, sobre todo las sexuales— para atraer y capturar a los individuos de una plaga concreta. Se emplea con dos fines: el monitoreo (detectar la presencia de la plaga, seguir su evolución y decidir el momento óptimo de actuación) y, en algunos casos, el control directo (captura masiva o confusión sexual). Es una herramienta específica, selectiva y respetuosa con el medio ambiente, pieza fundamental del manejo integrado de plagas.
Es una trampa qué atrae a los insectos plaga imitando el olor qué ellos usan para atraerse entre sí, y así se sabe cuántos hay o se capturan.
Los insectos se comunican con "olores" (feromonas), sobre todo para encontrar pareja. Estas trampas usan una copia artificial de ese olor para atraerlos a un dispositivo donde quedan atrapados. Sirven para vigilar si una plaga ha aparecido y en qué cantidad —y así tratar solo cuando hace falta— o incluso para reducir la plaga capturando muchos machos. Son selectivas y ecológicas.
Un fruticultor de Lleida quería controlar la carpocapsa (el gusano de la manzana), una plaga clave en frutales, reduciendo al máximo los tratamientos insecticidas. Instaló trampas de feromonas para la carpocapsa en su plantación.
Las trampas, cebadas con la feromona sexual de la carpocapsa, atraían a los machos y permitían al técnico contar las capturas semanalmente. Cuando el número de capturas superaba un umbral, sabía qué la plaga estaba activa y qué se acercaba el momento de riesgo, decidiendo entonces si intervenir y cuándo, en lugar de tratar a ciegas por calendario. Así redujo los tratamientos, ahorró costes y protegió a los insectos beneficiosos. Además, en otras parcelas empleó la técnica de confusión sexual con difusores de feromona. El caso muestra el papel central de las feromonas en el manejo integrado moderno.
Se colocan las trampas cebadas con la feromona específica de la plaga objetivo, en el número y la ubicación adecuados. En monitoreo, se revisan periódicamente las capturas para seguir la evolución de la plaga y aplicar los umbrales de tratamiento (tratar solo cuando se supera cierto nivel). En control, se usan para captura masiva o para la confusión sexual (saturar el ambiente de feromona para impedir el apareamiento).
Las feromonas deben reponerse según su duración. La técnica es selectiva (afecta solo a la especie diana) y compatible con los enemigos naturales.
Usar la feromona equivocada: cada trampa es específica de una plaga. No reponer la feromona: pierde eficacia con el tiempo. Colocar mal las trampas: número, altura y ubicación influyen en las capturas. Interpretar las capturas sin umbrales: el monitoreo debe guiar la decisión, no alarmar por cualquier captura.
Las trampas de feromonas son una herramienta emblemática del manejo integrado de plagas y de la producción sostenible: permiten tratar solo cuando es necesario y donde es necesario, reduciendo el uso de insecticidas, protegiendo a los insectos beneficiosos y disminuyendo el impacto ambiental y los residuos. Su carácter selectivo las hace idóneas en agricultura ecológica e integrada. La normativa europea de uso sostenible de fitosanitarios impulsa precisamente este tipo de métodos frente al tratamiento sistemático.
Utiliza una copia sintética de la feromona qué emiten los insectos (sobre todo la sexual) para atraer a los individuos de una plaga concreta hacia un dispositivo donde quedan capturados, ya sea para contarlos (monitoreo) o para reducir la plaga.
Para monitorizar la presencia y evolución de una plaga —y así decidir cuándo y si tratar— y, en algunos casos, para el control directo mediante captura masiva o confusión sexual. Son una herramienta clave del manejo integrado.
Sí. Son selectivas (solo afectan a la especie diana), no dejan residuos tóxicos, respetan a los insectos beneficiosos y permiten reducir el uso de insecticidas. Por eso son muy usadas en agricultura ecológica e integrada.
Es una técnica de control qué satura el ambiente con feromona sexual mediante difusores, de modo qué los machos no logran localizar a las hembras para aparearse, reduciendo así la reproducción de la plaga sin insecticidas.
No. Cada trampa se ceba con la feromona específica de una plaga concreta, por lo qué es selectiva. Para monitorizar o controlar distintas plagas se necesitan las feromonas correspondientes a cada una.