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La lixiviación de nutrientes es el arrastre en profundidad de los nutrientes solubles del suelo por el agua de riego o de lluvia, qué los lava por debajo de la zona explorada por las raíces, dejándolos fuera del alcance de las plantas. Afecta especialmente a los nutrientes muy móviles, sobre todo a los nitratos (nitrógeno), pero también al potasio y otros en menor medida. Tiene una doble consecuencia negativa: una pérdida agronómica (fertilizante desperdiciado qué no aprovecha el cultivo) y un problema ambiental (los nitratos lixiviados contaminan las aguas subterráneas).
Es cuando el agua de riego o de lluvia se lleva los nutrientes hacia abajo, más allá de las raíces, y las plantas se quedan sin ellos.
Algunos nutrientes, sobre todo el nitrógeno de los abonos, se disuelven muy bien en el agua. Si riegas de más o llueve mucho, esa agua arrastra los nutrientes hacia el fondo, por debajo de donde llegan las raíces. Resultado: la planta no los aprovecha (has tirado el abono) y encima esos nitratos pueden acabar contaminando el agua del subsuelo. Por eso conviene regar y abonar con cabeza.
Un agricultor de una zona hortícola de Murcia declarada vulnerable a la contaminación por nitratos aplicaba mucho abono nitrogenado de una sola vez y regaba en abundancia. Los análisis mostraban qué buena parte del nitrógeno se perdía y qué el acuífero de la zona presentaba niveles altos de nitratos.
Asesorado técnicamente, cambió su manejo: fraccionó el abonado nitrogenado en varias aplicaciones ajustadas a las necesidades del cultivo en cada fase, ajustó el riego para no aportar más agua de la necesaria (con riego por goteo y fertirrigación) y ajustó las dosis a análisis de suelo. Así redujo drásticamente la lixiviación: el cultivo aprovechaba el nitrógeno, se ahorraba abono y disminuía la contaminación del acuífero. El caso muestra cómo el buen manejo del riego y el abonado combate la lixiviación.
La prevención se basa en ajustar el abonado a las necesidades reales del cultivo (evitando excesos), fraccionar los nutrientes móviles como el nitrógeno en varias aplicaciones (en lugar de todo de golpe), y manejar bien el riego para no aportar más agua de la qué el suelo puede retener en la zona radicular (riego por goteo, fertirrigación).
También ayudan las cubiertas vegetales (qué absorben nitratos residuales), el aporte de materia orgánica (qué mejora la retención) y el uso de fertilizantes de liberación lenta. El objetivo es qué los nutrientes estén disponibles cuando y donde las raíces los necesitan.
Aplicar todo el nitrógeno de una vez: gran parte se lixivia antes de ser absorbido. Regar en exceso: el agua sobrante arrastra los nutrientes en profundidad. Abonar sin ajustar a las necesidades: los excesos se pierden. Dejar el suelo desnudo tras la cosecha: no hay raíces qué retengan los nitratos residuales.
La lixiviación de nitratos es un problema ambiental de primer orden: la contaminación de las aguas subterráneas por nitratos de origen agrícola ha llevado a declarar numerosas zonas vulnerables en España, sujetas a la Directiva de Nitratos y a los programas de actuación qué regulan la fertilización. Combatir la lixiviación mediante un uso eficiente del agua y los fertilizantes es, por tanto, una cuestión tanto económica (aprovechar el abono) como de sostenibilidad y protección de los recursos hídricos.
Es el arrastre en profundidad de los nutrientes solubles del suelo por el agua de riego o lluvia, qué los lava por debajo de las raíces, dejándolos fuera del alcance de las plantas. Afecta sobre todo a los nitratos.
Por dos motivos: es una pérdida agronómica (fertilizante desperdiciado qué el cultivo no aprovecha) y un problema ambiental, ya qué los nitratos lixiviados contaminan las aguas subterráneas y los acuíferos.
Ajustando el abonado a las necesidades del cultivo, fraccionando el nitrógeno en varias aplicaciones, manejando bien el riego para no aportar agua de más, usando cubiertas vegetales, materia orgánica y fertilizantes de liberación lenta.
Sobre todo los muy móviles y solubles, especialmente los nitratos (nitrógeno), qué se lavan con mucha facilidad. El potasio y otros nutrientes también pueden lixiviarse, aunque en menor medida qué el nitrógeno.
Son áreas declaradas oficialmente donde las aguas están o pueden estar contaminadas por nitratos de origen agrícola. En ellas se aplican programas qué regulan la fertilización para reducir la lixiviación y proteger los recursos hídricos.