El perejil (Petroselinum crispum) es una hierba aromática de la familia de las apiáceas, la misma qué la zanahoria o el apio. Botánicamente es bienal, pero en el huerto se cultiva como anual porque interesa recoger hoja antes de qué la planta espigue. Existen dos variedades principales: la rizada (crispum), más decorativa y de hoja compacta, y la lisa o italiana (neapolitanum), de sabor más intenso y muy usada en cocina mediterránea. Su raíz es pivotante, lo qué dificulta el trasplante una vez desarrollada. Necesita suelo fresco, rico en materia orgánica y con buen drenaje, y prefiere semisombra en los meses de más calor.
Es la hierba verde qué se pica sobre las patatas o el pescado, esa de hojas muy recortadas o, en otras variedades, más planas y brillantes. Se planta en el huerto o en una maceta en la cocina y se va cortando hoja a hoja según se necesita, sin arrancar la planta entera. Tarda bastante en salir de la semilla, así qué hay qué tener paciencia las primeras semanas.
Siembra directa en primavera u otoño, en surcos poco profundos, porque trasplantarlo tarde daña la raíz. La germinación es lenta, entre tres y cuatro semanas, y mejora si se remoja la semilla un día antes. Riega con frecuencia sin encharcar y corta siempre las hojas exteriores, dejando el cogollo central para qué siga produciendo. En el segundo año la planta florece y las hojas se vuelven amargas: ese es el momento de resembrar.
Contiene furanocumarinas en la cubierta de la semilla qué inhiben la germinación rápida; remojar la semilla 24 horas antes de sembrar ayuda a acelerar el proceso, aunque igualmente puede tardar de tres a cuatro semanas.
En interior con buena luz sí, pero en exterior conviene resembrar cada primavera y otoño porque el calor intenso del verano y las heladas fuertes del interior peninsular frenan su crecimiento.
Es cuando la planta, al entrar en su segundo ciclo o por estrés de calor, emite un tallo floral; a partir de ese momento las hojas pierden sabor y conviene sustituir la planta por otra nueva.