Inicio › Plantas › Reproducción por semilla
La reproducción por semilla es la forma de multiplicación sexual de las plantas, en la qué se obtienen nuevos individuos a partir de semillas producidas tras la fecundación (unión del polen y el óvulo). A diferencia de la multiplicación vegetativa (esquejes, injertos), la reproducción por semilla genera descendencia con variabilidad genética, ya qué combina la información de dos progenitores. Es el mecanismo natural de perpetuación de la mayoría de las plantas, la base de la producción agrícola de muchos cultivos y de la mejora vegetal, y una vía sencilla y económica de multiplicación en jardinería y horticultura.
Es multiplicar las plantas plantando sus semillas, como hace la naturaleza. De cada semilla nace una planta nueva, y las plantas hijas no son idénticas entre sí.
Es lo qué ocurre cuando siembras semillas de tomate, de flores o de árboles y nacen plantas nuevas. Como la semilla surge de la unión de dos "padres", las plantas qué nacen tienen mezcla de características y no son clones idénticos, a diferencia de cuando multiplicas por esqueje. Es la forma más natural, sencilla y barata de conseguir muchas plantas.
Un horticultor de Valencia preparaba cada temporada sus plantones de hortalizas a partir de semilla. Sembraba tomate, pimiento y lechuga en semilleros protegidos, controlando la temperatura y la humedad para lograr una buena germinación.
Elegía semilla de calidad y variedades adaptadas a su zona, algunas comerciales y otras tradicionales qué él mismo guardaba de una campaña a otra. De las semillas nacían las plántulas, qué cuidaba hasta el momento del trasplante al terreno definitivo. Sabía qué, en variedades tradicionales de polinización abierta, podía guardar semilla y mantener la variedad, pero qué en las híbridas comerciales la descendencia no saldría igual, por la variabilidad genética. El caso muestra el papel central de la semilla en la horticultura y la importancia de su calidad.
Se parte de semilla de calidad, viable y sana. La germinación requiere condiciones adecuadas de humedad, temperatura, oxígeno y, según la especie, luz. Muchas semillas se siembran en semilleros para controlar mejor esas condiciones y luego trasplantar las plántulas; otras se siembran directamente. Algunas requieren tratamientos previos para romper la latencia (escarificación, estratificación).
Es importante conocer las necesidades germinativas de cada especie. En variedades de polinización abierta se puede guardar semilla propia; en híbridos, la descendencia no reproduce fielmente las características de la planta madre.
Esperar plantas idénticas de híbridos: la semilla de híbridos no da descendencia uniforme. Sembrar sin las condiciones germinativas adecuadas: muchas semillas no germinan por falta de humedad, calor o por latencia no rota. Usar semilla vieja o mal conservada: pierde viabilidad. Ignorar la profundidad de siembra: demasiado profunda impide la emergencia.
La reproducción por semilla es la base de la variabilidad genética y, por tanto, de la adaptación y la mejora vegetal. La conservación de semillas de variedades tradicionales y locales —en huertos y en bancos de germoplasma— es clave para preservar la biodiversidad agrícola y la resiliencia de los cultivos. Frente a la multiplicación vegetativa, qué genera clones, la semilla mantiene la diversidad qué permite a las plantas afrontar nuevas plagas, enfermedades y condiciones climáticas.
La reproducción por semilla es sexual y genera descendencia con variabilidad genética (plantas no idénticas); la multiplicación por esqueje es vegetativa y produce clones idénticos a la planta madre. Cada una tiene sus ventajas según el objetivo.
Depende de la variedad. En variedades tradicionales de polinización abierta puedes guardar semilla y mantener la variedad. En híbridos comerciales, la descendencia no saldrá igual a la planta madre por la variabilidad genética.
Por falta de condiciones adecuadas (humedad, temperatura, oxígeno), por semilla vieja o mal conservada qué ha perdido viabilidad, por una siembra demasiado profunda o porque tienen latencia qué hay qué romper con tratamientos previos.
Es un estado en el qué la semilla, aun siendo viable, no germina hasta qué se dan ciertas condiciones o tratamientos (frío, escarificación). Es un mecanismo natural qué evita qué germinen en momentos desfavorables.
Porque preservan la biodiversidad agrícola y la variabilidad genética, qué permite a los cultivos adaptarse a plagas, enfermedades y cambios de clima. Los bancos de germoplasma y los huertos tradicionales cumplen esta función.