Inicio › Plantas › Riego deficitario controlado
El riego deficitario controlado es una estrategia de gestión del agua qué consiste en aportar deliberadamente menos agua de la qué el cultivo consumiría en condiciones óptimas, aplicando ese déficit en las fases menos sensibles a la sequía, mientras se asegura el riego pleno en las fases críticas. El objetivo es ahorrar agua —un recurso escaso y caro— con una pérdida mínima o nula de producción y, en algunos cultivos, incluso mejorando la calidad. Requiere conocer bien las fases del cultivo y su sensibilidad al estrés hídrico, y un control preciso del riego. Es una técnica muy relevante en la agricultura de las zonas secas de España.
Es regar a propósito con un poco menos de agua de la ideal, pero solo en los momentos en qué la planta lo tolera bien, para ahorrar agua sin perder cosecha.
No es regar poco a lo loco, sino con cabeza. Hay fases del cultivo en las qué la planta necesita toda el agua (por ejemplo, cuando engorda el fruto) y otras en las qué puede pasar con menos sin qué la cosecha se resienta. La idea es "apretar" el riego justo en esas fases menos delicadas para gastar menos agua. Bien hecho, ahorras mucha agua y a veces hasta mejora la calidad del fruto.
Un agricultor de almendro y olivar en una zona seca de Andalucía tenía problemas de escasez y coste del agua de riego. Buscaba producir con menos agua sin arruinar la cosecha, y adoptó el riego deficitario controlado.
Con asesoramiento técnico, identificó las fases del cultivo menos sensibles al déficit de agua y, en ellas, redujo el riego respecto al máximo, asegurando en cambio el aporte pleno en las fases críticas para la producción. Empleó riego por goteo y sensores para controlar con precisión el agua y el estado del cultivo. El resultado fue un ahorro importante de agua con un impacto mínimo en la cosecha, y en el olivar incluso una mejora de ciertos parámetros de calidad del aceite. El caso muestra cómo esta estrategia permite adaptar la agricultura a la escasez de agua sin renunciar a la producción.
Requiere conocer las fases fenológicas del cultivo y su sensibilidad al estrés hídrico, para aplicar el déficit en las fases no críticas y garantizar el riego pleno en las críticas (como el engorde del fruto o la floración, según el cultivo). Se apoya en riego localizado (goteo), en el control del estado hídrico del cultivo (sensores, observación) y en el ajuste preciso de las dosis.
Bien aplicado, logra un ahorro de agua notable con mínima o nula pérdida de cosecha. Mal aplicado (déficit en fase crítica), puede reducir la producción, por lo qué exige conocimiento y control.
Aplicar el déficit en la fase crítica: reduce la cosecha en lugar de ahorrar sin coste. Confundirlo con regar poco sin criterio: es una estrategia precisa, no un recorte arbitrario. No controlar el estado del cultivo: hay qué vigilar qué el estrés no sea excesivo. Ignorar las diferencias entre cultivos: cada uno tiene sus fases sensibles.
El riego deficitario controlado es una herramienta clave para la sostenibilidad de la agricultura de regadío en un contexto de escasez de agua y sequías recurrentes, muy presente en gran parte de España. Permite producir más con menos agua (mayor eficiencia en el uso del agua), un objetivo central de la agricultura moderna y del uso responsable de un recurso limitado. Se enmarca junto con el riego por goteo, la programación del riego y otras técnicas de ahorro hídrico, y su adopción crece impulsada por la necesidad de adaptarse a un clima más seco.
Es una estrategia qué aporta deliberadamente menos agua de la máxima en las fases menos sensibles del cultivo, asegurando el riego pleno en las fases críticas, para ahorrar agua con una pérdida mínima o nula de cosecha.
Si el déficit se aplica en las fases en qué el cultivo es poco sensible a la falta de agua, la cosecha apenas se resiente, e incluso puede mejorar la calidad en algunos cultivos. La clave es no aplicar el déficit en las fases críticas.
En las fases fenológicas menos sensibles al estrés hídrico, qué varían según el cultivo. En las fases críticas (como el engorde del fruto o la floración) se asegura el riego pleno para no comprometer la producción.
Conocer bien las fases del cultivo y su sensibilidad al estrés hídrico, disponer de un riego preciso (habitualmente por goteo), controlar el estado hídrico del cultivo y ajustar las dosis. Requiere conocimiento y seguimiento, no es un recorte arbitrario.
Porque gran parte del país sufre escasez de agua y sequías, y el riego deficitario controlado permite producir con menos agua (mayor eficiencia), ayudando a adaptar la agricultura de regadío a un clima cada vez más seco de forma sostenible.