Inicio › Plantas › Cultivo de la tomatera
El cultivo de la tomatera es una de las prácticas más populares del huerto, tanto doméstico como profesional. La tomatera (Solanum lycopersicum) es una hortaliza de clima cálido que necesita sol, temperaturas suaves, un suelo fértil y bien drenado, y un aporte constante pero controlado de agua. Su cultivo abarca la siembra o trasplante del plantel, el entutorado (guiado con cañas o cuerdas), la poda de brotes axilares (destallado) en las variedades indeterminadas, el riego regular —idealmente por goteo— y el control de plagas y enfermedades como el mildiu. Es un cultivo agradecido y productivo en gran parte de España.
Es todo lo que hay que hacer para plantar tomates y que crezcan bien: plantar, ponerles un tutor para que no se caigan, regar, quitar brotes de más y protegerlos de plagas.
El tomate es la estrella del huerto. Quiere sol, calor y un buen suelo. Se suele plantar en primavera, se le pone una caña o cuerda para que trepe y no se tumbe, se le quitan los brotes que salen entre el tallo y las hojas para que dé más fruto, se riega con regularidad (mejor por goteo, sin mojar las hojas) y se vigila que no le ataquen hongos como el mildiu. Con esos cuidados, da tomates todo el verano.
Un aficionado en un huerto de Toledo plantó tomateras en primavera. Las colocó a pleno sol, con buena tierra y compost, y les puso cañas para guiarlas.
A medida que crecían, les fue quitando los brotes axilares (destallado) para concentrar la energía en los frutos, las regó por goteo para mantener el suelo húmedo sin mojar las hojas y vigiló la aparición de mildiu, favorecido por la humedad. Cuando aparecieron los primeros síntomas, mejoró la ventilación y actuó a tiempo. También detectó la podredumbre apical (culo negro) por falta de calcio y riego irregular, que corrigió regando de forma más constante. El resultado fue una cosecha abundante durante todo el verano. El caso resume los cuidados esenciales de la tomatera.
Se parte de plantel propio o comprado, que se trasplanta a pleno sol en suelo fértil y bien drenado cuando ya no hay riesgo de heladas. Se entutora con cañas o cuerdas, se realiza el destallado (retirada de brotes axilares) en variedades indeterminadas y se riega de forma regular, preferiblemente por goteo para no mojar el follaje.
Es importante mantener un riego constante (evita el "culo negro" o podredumbre apical), abonar según las necesidades y vigilar plagas y enfermedades (mildiu, tuta, pulgón). Una buena ventilación entre plantas reduce los problemas fúngicos.
Regar de forma irregular: provoca podredumbre apical y agrietado del fruto. No entutorar: la planta se tumba y los frutos se estropean. Mojar las hojas al regar: favorece el mildiu. No destallar las variedades indeterminadas: mucha hoja y poco fruto.
El tomate es un cultivo de temporada cálida en España, plantándose típicamente en primavera para cosechar en verano, con variaciones según la zona (más temprano en el sur y el litoral). Existe una enorme diversidad de variedades tradicionales y comerciales, muchas de ellas recuperadas por su sabor. Es un cultivo ideal para iniciarse en el huerto por su productividad y por lo agradecido que resulta con unos cuidados básicos.
Generalmente en primavera, cuando ya no hay riesgo de heladas, para cosechar en verano. En el sur y el litoral se puede plantar antes; en zonas frías, más tarde. La tomatera necesita calor y sol para desarrollarse bien.
Porque muchas variedades crecen mucho y, sin un tutor (caña, cuerda o malla), la planta se tumba, los frutos tocan el suelo y se pudren o los atacan plagas. El entutorado la mantiene erguida, ventilada y facilita la recolección.
Es quitar los brotes que salen entre el tallo principal y las hojas (brotes axilares) en las variedades indeterminadas. Así la planta concentra su energía en los frutos y en el crecimiento principal, mejorando la producción y la ventilación.
Suele ser podredumbre apical ("culo negro"), relacionada con la falta de calcio disponible, muchas veces por un riego irregular. Regar de forma constante y equilibrada, y cuidar el suelo, ayuda a prevenirla.
Regando por goteo sin mojar las hojas, dejando buena ventilación entre plantas, evitando el exceso de humedad y actuando pronto ante los primeros síntomas. El mildiu se ve favorecido por la humedad y las temperaturas suaves.