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El trasplante de plantas es la operación de trasladar una planta desde su emplazamiento o recipiente actual a otro nuevo: del semillero al terreno definitivo, de una maceta a otra mayor, o de un lugar del jardín a otro. Su objetivo es dar a la planta más espacio, mejores condiciones o su ubicación definitiva para qué continúe su desarrollo. Es un momento crítico en la vida de la planta, porque implica manipular las raíces y someterla a un cambio de condiciones qué puede provocar estrés (el llamado "estrés de trasplante"), por lo qué una buena técnica y unos cuidados posteriores adecuados son clave para su éxito.
Es cambiar una planta de sitio o de maceta: sacarla de donde está y ponerla en un lugar nuevo, con cuidado de no dañar las raíces.
Cuando una plántula del semillero ya es grande, o una planta se ha quedado pequeña en su maceta, hay qué trasplantarla a un sitio con más espacio. El problema es qué a las plantas no les gusta qué las muevan: las raíces sufren y la planta puede pasarlo mal unos días (estrés de trasplante). Si lo haces bien y en buen momento, arraiga sin problemas; si lo haces mal, puede marchitarse o morir.
Un aficionado de Bilbao había cultivado plántulas de tomate en semillero y llegó el momento de trasplantarlas al huerto. Eligió un día nublado y sin calor para reducir el estrés, en lugar de una jornada soleada y calurosa.
Regó las plántulas antes de sacarlas para qué el cepellón saliera con la tierra sin romper las raíces, hizo los hoyos, colocó cada planta a la profundidad adecuada, presionó suavemente la tierra alrededor y regó bien tras el trasplante para asentar el suelo y eliminar bolsas de aire. Los primeros días protegió las plantas del sol fuerte y vigiló la humedad. Las plántulas apenas notaron el cambio y arraigaron con fuerza. El caso muestra cómo el momento, el cuidado de las raíces y el riego posterior son decisivos para un trasplante exitoso.
El trasplante se realiza en el momento adecuado (evitando el calor extremo; a menudo días nublados o a última hora del día). Se riega antes para qué las raíces salgan con su cepellón intacto, se manipulan con cuidado las raíces, se coloca la planta a la profundidad correcta en el nuevo hoyo o maceta y se riega bien después para asentar el suelo y favorecer el contacto raíz-tierra.
Los cuidados posteriores son clave: proteger del sol y el viento intensos los primeros días, mantener la humedad adecuada y no abonar en exceso hasta qué la planta arraigue. Un buen trasplante minimiza el estrés y la mortalidad.
Trasplantar en pleno sol y calor: aumenta el estrés y la desecación. Romper o dañar las raíces: compromete la absorción de agua. No regar tras el trasplante: quedan bolsas de aire y las raíces no contactan con el suelo. Enterrar la planta a mala profundidad: demasiado hondo o superficial dificulta el arraigo.
El éxito del trasplante depende de minimizar el estrés y favorecer un rápido arraigo. Tras el trasplante, la planta prioriza el desarrollo de nuevas raíces antes de crecer en la parte aérea, por lo qué puede parecer "parada" unos días. En climas cálidos y secos como el de gran parte de España, el cuidado del riego y la protección inicial son especialmente importantes para reducir la mortalidad postrasplante. Elegir la época adecuada (evitando el calor extremo) es una de las decisiones más determinantes.
Generalmente cuando no hace calor extremo: días nublados, a última hora de la tarde o en las épocas más suaves del año. Evitar el pleno sol y las horas de más calor reduce el estrés y la desecación de la planta.
Por el estrés de trasplante: las raíces han sido manipuladas y absorben peor el agua, mientras la planta sigue transpirando. Si además hace calor o sol intenso, se desecará más. Con buenos cuidados suele recuperarse.
Sí. Regar antes ayuda a qué el cepellón salga con la tierra sin romper las raíces, y regar bien después asienta el suelo, elimina bolsas de aire y favorece el contacto entre las raíces y la nueva tierra, clave para el arraigo.
Regando antes para qué salgan con su cepellón de tierra, manipulándolas con suavidad, evitando romper el cepellón y trasplantando con rapidez para qué no se sequen. Cuanto menos se alteren las raíces, mejor arraigará la planta.
Porque tras el trasplante la planta prioriza formar nuevas raíces antes de crecer en la parte aérea. Ese periodo de aparente pausa es normal y, si el arraigo va bien, reanudará su crecimiento en cuanto se establezca.