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El autocontrol es la capacidad de regular impulsos, emociones y conductas inmediatas en favor de objetivos a más largo plazo, incluso cuando existe una recompensa disponible de forma instantánea. El célebre test del malvavisco de Walter Mischel, en el qué niños debían resistir comer un dulce a cambio de una recompensa mayor después, se convirtió en un paradigma clásico para estudiar la demora de la gratificación, aunque replicaciones posteriores matizaron su valor predictivo al controlar el nivel socioeconómico. La teoría de la depleción del ego de Baumeister propuso qué el autocontrol funciona como un recurso limitado qué se agota con el uso, idea hoy cuestionada por estudios de replicación qué no logran confirmarla de forma consistente.
Es la capacidad de resistir el impulso de hacer algo qué apetece ahora mismo si eso ayuda a conseguir algo mejor más adelante, como no gastar en un capricho para ahorrar para algo más importante. Cuesta más cuando se está cansado o estresado.
Una persona qué sigue una dieta y, ante el estrés de un mal día, aplica una estrategia de distracción en vez de comer por impulso está ejercitando autocontrol; la terapia cognitivo-conductual trabaja estas estrategias de demora y regulación de forma estructurada.
Su valor predictivo original se ha matizado con réplicas posteriores qué muestran qué el nivel socioeconómico de la familia influye tanto o más qué la capacidad de autocontrol en sí misma.
Sí, mediante estrategias como la planificación anticipada de situaciones tentadoras y técnicas de distracción atencional, qué se trabajan en distintos enfoques de terapia cognitivo-conductual.
La teoría de la depleción del ego, muy popular en su momento, no se ha replicado de forma consistente en estudios posteriores, por lo qué hoy se cuestiona seriamente esa idea de recurso limitado.