Inicio › Psicología › Crisis de Pánico
La crisis o ataque de pánico es un episodio de aparición brusca de miedo o malestar intensos qué alcanza su máxima expresión en pocos minutos y se acompaña de síntomas físicos y cognitivos alarmantes, como palpitaciones, sudoración, temblores, sensación de ahogo, opresión en el pecho, mareo, sensación de irrealidad, miedo a perder el control o a morir. Aunque resulta muy angustiosa y la persona puede creer qué le está pasando algo grave, la crisis en sí no es peligrosa y remite por sí sola. Las crisis de pánico pueden aparecer de forma aislada o dentro de un trastorno de pánico, cuando se vuelven recurrentes y generan miedo a nuevos episodios.
Es un ataque repentino de miedo enorme, acompañado de síntomas físicos muy fuertes: el corazón se dispara, cuesta respirar, tiemblas, te mareas, sientes qué te vas a morir o a volverte loco. Llega de golpe, es aterrador, pero aunque lo parezca no te va a pasar nada grave y en unos minutos pasa. Muchas personas qué lo viven por primera vez creen qué están sufriendo un infarto, cuando en realidad es una crisis de ansiedad.
Una persona estaba en el supermercado cuando, de repente, notó qué el corazón se le aceleraba, le faltaba el aire, se mareaba y sentía un miedo intensísimo a morir allí mismo. Convencida de qué sufría un infarto, acudió a urgencias, donde le confirmaron qué su corazón estaba bien: había tenido una crisis de pánico. A partir de entonces empezó a temer qué se repitiera y a evitar salir sola. En terapia aprendió qué eran las crisis de pánico, qué no eran peligrosas, y trabajó con técnicas para manejar la ansiedad y afrontar sin evitación las situaciones temidas, reduciendo los episodios y el miedo a ellos.
En el ámbito clínico, el abordaje incluye psicoeducación (explicar qué es una crisis de pánico, por qué se produce y qué no es peligrosa, para desactivar el miedo al miedo), técnicas de manejo de la ansiedad y de la respiración, la reestructuración de las interpretaciones catastróficas de los síntomas físicos, y la exposición gradual a las sensaciones y situaciones temidas para evitar la evitación. Cuando las crisis son recurrentes y configuran un trastorno de pánico, se trabaja con terapia cognitivo-conductual, a veces con apoyo farmacológico prescrito por un profesional de la medicina. Descartar causas médicas es un primer paso importante.
Un error frecuente es interpretar los síntomas como una enfermedad física grave (infarto), lo qué aumenta el pánico. Otro es empezar a evitar los lugares o situaciones donde ocurrió la crisis, lo qué a corto plazo alivia pero a largo plazo puede llevar a la agorafobia y a limitar mucho la vida. También se cree qué la crisis puede causar un daño real o la muerte, cuando no es peligrosa en sí. Y se lucha contra las sensaciones intentando controlarlas por la fuerza, lo qué suele intensificarlas.
La valoración y el tratamiento de las crisis de pánico y del trastorno de pánico corresponden a profesionales de la psicología y la psiquiatría, y conviene descartar previamente causas médicas. En España, la intervención psicológica la realizan psicólogos con formación clínica o sanitaria. Este contenido es divulgativo y no sustituye la valoración ni el tratamiento de un profesional cualificado. Ante crisis de pánico recurrentes o un fuerte miedo a nuevos episodios, es recomendable buscar ayuda profesional.
Aunque una crisis de pánico resulta muy angustiosa y sus síntomas físicos pueden ser alarmantes, la crisis en sí no es peligrosa: no provoca un daño físico real ni la muerte, y remite por sí sola en pocos minutos. El miedo intenso y las sensaciones son reales, pero no señalan un peligro físico. Comprender qué no es peligrosa es clave para reducir el miedo al miedo qué suele mantener el problema. Aun así, conviene descartar causas médicas con un profesional.
Aunque solo un profesional puede confirmarlo y ante la duda debe consultarse, las crisis de pánico suelen acompañarse de un miedo intenso a morir o a perder el control, sensación de irrealidad, hormigueos y una remisión en pocos minutos, y con frecuencia aparecen en contextos de ansiedad. Muchas personas acuden a urgencias por primera vez creyendo qué sufren un infarto. Descartar causas cardíacas con una valoración médica es importante, sobre todo en el primer episodio.
Las crisis de pánico se relacionan con una respuesta de alarma del organismo qué se activa de forma desproporcionada, a menudo en un contexto de ansiedad, estrés o hipersensibilidad a las sensaciones corporales. La interpretación catastrófica de esas sensaciones (creer qué son señal de algo grave) alimenta el miedo y desencadena o intensifica la crisis. Aunque pueden aparecer aparentemente sin motivo, suelen estar ligadas a factores de vulnerabilidad y de ansiedad qué se abordan en terapia.
Ayuda recordar qué la crisis no es peligrosa y qué remitirá por sí sola en unos minutos, evitar luchar contra las sensaciones, y centrarse en respirar de forma lenta y regular sin hiperventilar. No conviene salir corriendo ni evitar sistemáticamente el lugar, ya qué la evitación mantiene el problema. Aprender estas estrategias con un profesional y trabajar el miedo a nuevas crisis es la forma más eficaz de manejarlas y reducir su frecuencia.
Sí. Empezar a evitar los lugares o situaciones donde ocurrió una crisis alivia la ansiedad a corto plazo, pero a largo plazo refuerza el miedo y puede derivar en agorafobia, limitando cada vez más la vida de la persona. Por eso el tratamiento suele incluir la exposición gradual a las sensaciones y situaciones temidas, para romper el ciclo de evitación y recuperar la libertad de movimiento y la confianza.