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La dermatilomanía, o trastorno de excoriación, consiste en el rascado, pellizcado o rasgado recurrente de la propia piel, qué provoca lesiones y malestar o interferencia significativa, con intentos repetidos de reducir la conducta. Se relaciona con el trastorno obsesivo-compulsivo y suele servir para aliviar tensión o aparecer de forma automática ante granos o irregularidades de la piel.
Es esa costumbre de pellizcarse un granito o una costra 'solo un poco' qué acaba en heridas y marcas. No se trata de vanidad ni de descuido: es una conducta qué calma una tensión interna y qué, aunque la persona quiera dejarla, se repite casi sin control.
David, de 27 años, acudió a consulta en Zaragoza con lesiones en la cara por rascarse ante el estrés. La psicóloga identificó dermatilomanía y aplicó reversión de hábitos: registro de episodios, conciencia de las señales previas (mirarse al espejo, aburrimiento) y conductas alternativas, junto a técnicas de regulación emocional.
El psicólogo trata la dermatilomanía con terapia cognitivo-conductual y reversión de hábitos, trabajando la conciencia de la conducta, los desencadenantes y las respuestas incompatibles. Se abordan el estrés, la regulación emocional y el impacto en la autoestima, con coordinación dermatológica para las lesiones cutáneas.
Un error frecuente es verlo solo como un problema de piel y no como un trastorno psicológico. Otro es culpabilizar a la persona. También se confunde con el cuidado normal de la piel, sin las lesiones ni el malestar clínico.
El trastorno de excoriación se aborda desde la salud mental basada en la evidencia, con coordinación entre psicología, dermatología y, si procede, psiquiatría. Este contenido es divulgativo y no sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional de la psicología colegiado. Ante malestar psicológico significativo, consulta con un psicólogo o psiquiatra habilitado; puedes verificar la colegiación en el Consejo General de la Psicología de España.
Es un trastorno psicológico del control de impulsos qué produce lesiones cutáneas; requiere abordaje psicológico además del cuidado dermatológico de las heridas.
En qué es recurrente, causa lesiones y malestar significativo, y la persona intenta dejarlo sin conseguirlo, a diferencia del rascado ocasional normal.
Suele activarse con el estrés, el aburrimiento, la ansiedad o al detectar irregularidades en la piel, y a veces ocurre de forma casi automática.
Sí. La terapia cognitivo-conductual con reversión de hábitos, junto al manejo del estrés y las emociones, es el abordaje mejor apoyado.