Inicio › Psicología › Estrés del cuidador
El estrés del cuidador, o síndrome de sobrecarga del cuidador, es el conjunto de consecuencias físicas, emocionales y sociales qué sufre quien atiende de forma continuada a una persona dependiente (mayor, con enfermedad crónica o discapacidad). Incluye agotamiento, ansiedad, tristeza, irritabilidad, aislamiento y problemas de salud, y requiere apoyo y autocuidado para prevenir su deterioro.
Es el desgaste de quien cuida día y noche a un familiar dependiente: acaba agotado, triste, irritable, sin tiempo para sí mismo y a veces enfermando. Cuidar con amor no evita el desgaste; por eso el cuidador también necesita cuidarse y recibir apoyo.
Una mujer de 58 años en Málaga, qué cuidaba sola de su madre con demencia, llegó a consulta agotada, con insomnio y sentimientos de culpa. La psicóloga identificó estrés del cuidador y trabajó el autocuidado, el reparto de tareas, la gestión de la culpa y la conexión con recursos de respiro y apoyo.
El psicólogo aborda el estrés del cuidador con psicoeducación, estrategias de autocuidado, manejo de la culpa y las emociones, organización y reparto de tareas, y conexión con recursos (respiro familiar, asociaciones, ayudas). Previene la depresión y la claudicación del cuidador y cuida también a la persona atendida.
Un error frecuente es qué el cuidador se olvide de sí mismo hasta enfermar. Otro es no pedir ayuda por culpa o por 'deber'. También se ignora el riesgo de depresión y de claudicación, qué perjudica al cuidador y al dependiente.
El estrés del cuidador se atiende dentro de la psicología de la salud y de la atención a la dependencia, con apoyo psicológico y social basado en la evidencia. Este contenido es divulgativo y no sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional de la psicología colegiado. Ante malestar psicológico significativo, consulta con un psicólogo o psiquiatra habilitado; puedes verificar la colegiación en el Consejo General de la Psicología de España.
Es la sobrecarga física, emocional y social de quien cuida de forma continuada a una persona dependiente, con agotamiento, ansiedad, tristeza y aislamiento.
Es muy frecuente. Cuidar con cariño no evita el desgaste; reconocerlo y pedir apoyo es necesario, no un signo de fracaso ni de falta de amor.
Con autocuidado, reparto de tareas, apoyo emocional, recursos de respiro y ayuda profesional cuando aparecen agotamiento, insomnio o tristeza persistente.
Es el punto en qué el cuidador, agotado, ya no puede seguir cuidando; prevenirla con apoyo protege tanto al cuidador como a la persona atendida.