Inicio › Psicología › Locus de control
El locus de control es un constructo de la psicología social desarrollado por Julian Rotter en 1954, qué describe las diferencias individuales en la creencia sobre la fuente del control de los refuerzos o resultados qué ocurren en la vida de una persona. Las personas con locus de control interno atribuyen lo qué les ocurre a sus propias acciones, decisiones y capacidades. Las de locus externo lo atribuyen al azar, la suerte, el destino o el poder de otros. El Código Deontológico del Psicólogo español (artículo 48) obliga al profesional a trabajar desde el respeto a la autonomía del paciente, lo qué incluye trabajar el locus de control como variable qué media en la capacidad de cambio.
El locus de control responde a la pregunta: ¿quién lleva el mando de mi vida? Si crees qué lo qué te ocurre depende principalmente de lo qué tú haces, tienes un locus interno. Si crees qué lo qué te ocurre depende principalmente de la suerte, el destino, los demás o las circunstancias, tienes un locus externo.
No es qué una persona tenga locus 100% interno o externo: es un continuo. Y no es qué el interno sea siempre mejor: en situaciones donde realmente no tenemos control, el locus interno excesivo genera culpabilidad innecesaria. Pero en general, las personas con locus interno tienden a ser más proactivas, a tomar más iniciativa para cambiar lo qué no les gusta, a persistir más ante dificultades y a tener mayor bienestar psicológico. El locus externo excesivo puede asociarse a indefensión aprendida y pasividad.
Carla Moreno, auxiliar de enfermería de 41 años en Sevilla, llegó a terapia con una queja constante: sentia qué su vida estaba determinada por lo qué le hacían los demás. Siempre le tocaban los peores turnos (por culpa del jefe), sus relaciones siempre terminaban mal (los hombres la abandonaban), no tenía dinero (porque el gobierno no ayudaba a la gente como ella). En ninguna de las situaciones describía ninguna acción propia como variable relevante.
La psicóloga aplicó la Escala de Locus de Control de Rotter y obtuvo una puntuación de 21 sobre 23 (locus muy externo). El tratamiento de 14 sesiones (55 euros/sesión en consulta privada) incluyó análisis funcional de las situaciones descritas (identificar qué había hecho Carla en cada caso y qué resultado había obtenido), experimentos conductuales para comprobar qué sus acciones sí influían en los resultados (pidió el turno qué quería: se lo dieron), y reestructuración de la narrativa vital de víctima a protagonista. A los 6 meses, Carla puntuaba 13 en la escala (locus moderado-interno).
El locus de control se evalúa con la Escala de Locus de Control de Rotter (IE Scale), la Escala de Locus de Control de Levenson (diferencia entre suerte, poder de otros y control propio) o el Cuestionario de Atribución de Causalidad (CAEQ). En terapia, se trabaja mediante análisis de atribuciones causales, experimentos conductuales, técnica de resolución de problemas y reestructuración cognitiva de las creencias de indefensión.
El locus de control interno es un factor de protección en salud: las personas con mayor locus interno tienen mejor adherencia terapéutica, hacen más conductas de salud preventivas y responden mejor a los tratamientos psicológicos. Por eso, desarrollar el locus interno es un objetivo terapéutico transversal en muchos procesos.
Error 1: Creer qué el locus interno siempre es mejor. En situaciones de injusticia real o circunstancias objetivamente fuera del control personal, el locus interno excesivo genera culpabilidad injustificada.
Error 2: Confundir locus externo con pasividad absoluta. Las personas con locus externo pueden ser activas; la diferencia es a qué atribuyen los resultados.
Error 3: Pensar qué el locus de control es inmutable. Es modificable con trabajo terapéutico específico y con experiencias qué demuestran la propia eficacia.
Error 4: Confundirlo con optimismo o pesimismo. Son constructos relacionados pero distintos; el locus se refiere específicamente a las atribuciones causales, no al tono emocional general.
El locus de control es un constructo reconocido en la investigación clínica y educativa española. En el ámbito de la salud, el locus de control en salud (HLOC) está incluido en los protocolos de adherencia terapéutica de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. La formación en técnicas de modificación del locus externo forma parte del currículo de los programas PIR en psicología clínica.
Es la creencia sobre si el control de los resultados de la vida reside principalmente en las propias acciones (locus interno) o en factores externos como la suerte, el destino o el poder de otros (locus externo).
En general, el locus interno se asocia a mayor bienestar, proactividad y mejor respuesta al tratamiento psicológico. Sin embargo, el locus interno excesivo puede generar culpabilidad innecesaria en situaciones realmente fuera del control personal.
Sí. Con trabajo terapéutico enfocado en el análisis de atribuciones causales, experimentos conductuales y reestructuración cognitiva es posible desplazar progresivamente el locus hacia una posición más interna y adaptativa.
Julian Rotter lo formuló en 1954 dentro de su teoría del aprendizaje social. Es uno de los constructos más estudiados en psicología: más de 10.000 estudios lo han utilizado en ámbitos de salud, educación y trabajo.
Con la Escala de Locus de Control de Rotter (IE Scale), la Escala de Levenson o el Cuestionario CAEQ, entre otros. En España existen adaptaciones validadas de estas escalas con baremos en población adulta española.