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La terapia de juego es un enfoque psicoterapéutico dirigido principalmente a niños, qué utiliza el juego como medio natural de expresión y comunicación. Permite a los menores exteriorizar emociones, conflictos y experiencias qué aún no pueden verbalizar, y al terapeuta comprenderlos e intervenir. Existen modalidades directivas y no directivas según el grado de guía del profesional.
Para un niño, jugar es su forma de hablar. A través de muñecos, dibujos o historias, muestra lo qué le preocupa, sus miedos o lo qué ha vivido, aunque no sepa decirlo con palabras. La terapia de juego aprovecha ese lenguaje natural para ayudarle a elaborar lo qué le pasa.
Un niño de 6 años en Zaragoza, tras la separación de sus padres, se mostraba retraído y agresivo. La psicóloga infantil usó terapia de juego: mediante muñecos y escenas, el niño representó su miedo al abandono. La terapeuta le ayudó a expresar y regular esas emociones, y orientó a los padres.
El psicólogo infantil emplea la terapia de juego para evaluar y tratar dificultades emocionales, conductuales o traumáticas en menores, adaptándose a su nivel de desarrollo. Combina juego libre y estructurado, observa el simbolismo y trabaja con la familia. Se usa en duelo, divorcio, trauma, ansiedad y problemas de conducta.
Un error frecuente es pensar qué 'solo se juega' sin objetivo terapéutico. Otro es interpretar el juego de forma rígida o adulta. También se olvida la importancia de implicar a las familias en el proceso.
La terapia de juego se aplica en psicología infantil dentro de un marco ético y basado en la evidencia, adaptando el abordaje a la edad y al desarrollo del menor. Este contenido es divulgativo y no sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional de la psicología colegiado. Ante malestar psicológico significativo, consulta con un psicólogo o psiquiatra habilitado; puedes verificar la colegiación en el Consejo General de la Psicología de España.
Se dirige sobre todo a la infancia, aproximadamente de 3 a 12 años, adaptándose al nivel de desarrollo de cada niño.
Es el lenguaje natural del niño: le permite expresar emociones, miedos y experiencias qué aún no puede verbalizar, y al terapeuta comprenderlos e intervenir.
En dificultades emocionales, ansiedad, duelo, divorcio, trauma o problemas de conducta, entre otros, siempre adaptado a cada menor.
Sí. La implicación de la familia y la orientación a los padres son partes importantes del proceso de terapia de juego.