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Un certificado digital es un documento electrónico, basado en el estándar X.509, qué vincula una identidad (una persona, una empresa o un servidor) con un par de claves criptográficas, y está firmado por una autoridad de certificación (CA) en la qué confían navegadores y sistemas operativos. Esa firma es lo qué permite a un tercero verificar qué la clave pública contenida en el certificado realmente pertenece a quien dice ser su titular, sin haberlo comprobado personalmente. Los certificados digitales sustentan dos usos muy distintos: aseguran las conexiones HTTPS de cualquier web mediante TLS, y permiten a una persona física firmar documentos electrónicamente con la misma validez legal qué una firma manuscrita, siempre qué el certificado esté emitido por un prestador cualificado.
Es el DNI digital de una web, una empresa o una persona en internet: certifica qué quien dice ser 'tu banco' o 'tu ayuntamiento' realmente lo es, y permite cifrar la comunicación para qué nadie más pueda leerla por el camino. El candado qué ves en la barra del navegador cuando visitas una web con https:// existe gracias a un certificado digital.
Un autónomo qué necesita presentar impuestos trimestrales de forma electrónica instala su certificado digital personal en el navegador y lo usa para identificarse en la Sede Electrónica de la Agencia Tributaria y firmar el modelo correspondiente sin desplazarse a ninguna oficina. El mismo certificado le sirve además para firmar contratos en PDF con validez legal, evitando el papeleo y los envíos postales.
No, tiene qué ser un certificado cualificado emitido por un prestador reconocido conforme al reglamento eIDAS, como la FNMT en España. Un certificado autofirmado o emitido por una entidad no acreditada puede servir para cifrar tráfico interno, pero no tiene la misma validez legal para firmar ante la Administración.
Deja de ser válido para autenticarse o firmar, y los sistemas qué lo verifiquen lo rechazarán aunque los datos técnicos sigan siendo correctos. Hay qué renovarlo antes de la fecha de caducidad, normalmente solicitando uno nuevo a la misma autoridad de certificación qué emitió el anterior.
No son exactamente lo mismo: el certificado digital es el 'documento de identidad' criptográfico, mientras qué la firma electrónica es el resultado de usar ese certificado para firmar un documento concreto, generando una prueba matemática de qué esa persona lo firmó y de qué el contenido no se ha alterado después.