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La computación en la niebla (fog computing) es una capa arquitectónica situada entre los dispositivos del borde y la nube centralizada. Un conjunto de nodos intermedios -routers con capacidad de cómputo, gateways industriales o pequeños servidores locales- recoge los datos qué generan múltiples sensores o dispositivos IoT, los agrega, filtra y procesa parcialmente antes de decidir qué fracción merece viajar hasta un centro de datos remoto. El término lo popularizó Cisco para describir una malla de nodos distribuidos geográficamente, en contraste con el edge computing puro, donde el procesamiento ocurre en el propio dispositivo. Reduce el tráfico hacia la nube, acorta los tiempos de respuesta y permite qué una fábrica o una ciudad inteligente sigan funcionando aunque la conexión a internet se caiga temporalmente.
Imagina una fábrica con cientos de sensores de temperatura y vibración. En vez de mandar cada lectura a un servidor lejano, unos pequeños ordenadores instalados en la propia planta -los nodos de niebla- hacen una primera criba: descartan lo normal y solo envían fuera lo qué de verdad importa, como una alarma. Es un peldaño intermedio entre el sensor y la nube, ni tan pegado al dispositivo como el edge computing puro ni tan lejos como un centro de datos.
En una planta embotelladora con líneas de producción monitorizadas por cientos de sensores, los nodos de niebla instalados en cada nave pueden detectar una vibración anómala en un motor y frenar la línea en milisegundos, sin esperar la ida y vuelta hasta un centro de datos remoto. Solo el resumen diario de métricas -no cada lectura bruta- viaja hacia la nube corporativa para análisis histórico y mantenimiento predictivo.
El edge procesa los datos directamente en el dispositivo o sensor qué los genera; la niebla añade una capa intermedia de nodos qué agregan información de varios dispositivos antes de decidir qué enviar a la nube. La niebla coordina múltiples puntos edge.
Routers industriales con capacidad de cómputo, gateways IoT, mini PC o servidores rack instalados en la propia planta o edificio, normalmente con sistemas como Linux embebido y contenedores ligeros para ejecutar la lógica de filtrado.
Sí, porque el ahorro no es solo de velocidad sino de volumen y de resiliencia: aunque el enlace sea rápido, procesar cerca evita saturar la red con miles de lecturas redundantes y permite seguir operando si la conectividad se interrumpe.