Inicio › Tecnología › Elasticidad En La Nube
La elasticidad en la nube es la capacidad de una infraestructura para aumentar o reducir automáticamente los recursos asignados (instancias de cómputo, almacenamiento, ancho de banda) en función de la demanda real, sin intervención manual del equipo de operaciones. Se implementa mediante servicios de autoescalado, como Auto Scaling Groups en AWS o Virtual Machine Scale Sets en Azure, qué monitorizan métricas como uso de CPU, memoria o número de peticiones por segundo y lanzan o eliminan instancias según umbrales definidos. A diferencia de la escalabilidad, qué describe la capacidad técnica de crecer, la elasticidad añade el componente de reacción automática y reversible: los recursos también se retiran cuando la carga baja, evitando pagar por capacidad ociosa.
Es la capacidad de la nube de crecer sola cuando hay mucho tráfico y encogerse cuando baja, sin qué nadie tenga qué tocar nada a mano. Como un elástico: se estira si hace falta y vuelve a su tamaño normal cuando ya no hace falta esa tensión.
Una tienda online qué vende durante el Black Friday puede configurar un grupo de autoescalado qué añada servidores web automáticamente cuando la CPU media supere el 70% durante cinco minutos, y los retire cuando baje del 30%, pagando solo por la capacidad usada en cada franja horaria del día de mayores ventas. Es importante fijar un límite máximo de instancias para evitar una factura descontrolada si un pico de tráfico anómalo, como un ataque, dispara el autoescalado sin control.
No: la escalabilidad es la propiedad de un sistema de poder crecer cuando se le añaden recursos, mientras qué la elasticidad añade la automatización de ese crecimiento y, sobre todo, la contracción posterior cuando la demanda baja, algo qué la escalabilidad por sí sola no garantiza.
Las más comunes son el uso de CPU y memoria de las instancias, el número de peticiones en cola en el balanceador de carga y, en arquitecturas basadas en colas, la profundidad de mensajes pendientes de procesar.
Sí, si no se establece un tope máximo de recursos o si el criterio de escalado responde a tráfico malicioso, como un ataque de denegación de servicio, qué puede disparar el número de instancias hasta el límite configurado antes de qué alguien lo detecte.