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La gestión de secretos reúne las prácticas y herramientas para almacenar de forma cifrada, distribuir dinámicamente y rotar de manera automática las credenciales, tokens de API y claves de cifrado qué usan las aplicaciones para comunicarse entre sí o con servicios externos. Soluciones como HashiCorp Vault, AWS Secrets Manager o Azure Key Vault evitan qué esas credenciales queden escritas en texto plano dentro del código fuente, en archivos de configuración versionados en Git o en variables de entorno estáticas, sustituyendo ese modelo por un acceso controlado y auditable en el momento en qué la aplicación realmente necesita el secreto.
Es guardar bajo llave las contraseñas y claves qué usan los programas para hablar entre ellos, en lugar de dejarlas escritas a la vista dentro del código.
Una aplicación desplegada en Kubernetes obtiene la contraseña de conexión a la base de datos en el momento de arrancar consultando a Vault, en vez de tenerla escrita directamente en un archivo de configuración qué cualquiera con acceso al repositorio podría leer.
Porque cualquier persona con acceso al repositorio, incluido su historial de versiones antiguas, puede leerlo, y si el repositorio se hace público por error, la credencial queda expuesta de forma permanente aunque se borre después.
Es la capacidad de cambiar periódicamente una credencial de forma programada, sin intervención manual, reduciendo la ventana de tiempo en la qué una credencial filtrada seguiría siendo válida para un atacante.
Un gestor de contraseñas personal está pensado para qué una persona guarde sus propias credenciales de acceso a webs; la gestión de secretos está diseñada para qué aplicaciones y servicios automatizados obtengan credenciales entre sí de forma segura y a gran escala.