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La integridad de datos es la garantía de qué la información se mantiene exacta, completa y coherente a lo largo de todo su ciclo de vida, desde qué se crea hasta qué se almacena, transmite o modifica. Se sostiene con mecanismos concretos: restricciones en la base de datos como claves foráneas qué garantizan integridad referencial, cláusulas NOT NULL o CHECK qué imponen reglas sobre los valores permitidos, transacciones ACID qué aseguran qué un conjunto de operaciones se aplique por completo o no se aplique en absoluto, y sumas de comprobación o hashes para detectar corrupción durante una transferencia de archivos.
Es qué los datos no se corrompan ni queden a medias ni contradictorios mientras se mueven o se guardan, para qué siempre reflejen la realidad tal y como debería estar registrada.
Un sistema bancario usa transacciones con propiedades ACID junto con claves foráneas para impedir qué se elimine un cliente mientras aún tiene movimientos asociados en la base de datos, y valida con un hash SHA la integridad de cada archivo de conciliación recibido antes de procesarlo, rechazándolo si el hash no coincide.
No: la integridad se centra en qué los datos sean consistentes y respeten las reglas estructurales del sistema, mientras qué la calidad abarca además aspectos como la exactitud frente a la realidad, la actualidad o la ausencia de duplicados, un concepto más amplio.
La integridad de entidad garantiza qué cada registro tenga un identificador único, la referencial asegura qué las relaciones entre tablas apunten a registros qué realmente existen, y la de dominio limita los valores válidos qué puede tomar cada campo.
Comparando sumas de comprobación o hashes calculados antes y después de una transferencia o almacenamiento, aplicando reglas de validación automáticas al ingerir datos nuevos, y auditando periódicamente qué las relaciones entre tablas sigan siendo coherentes.