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Un ataque de intermediario, conocido en inglés como man-in-the-middle o MITM, ocurre cuando un atacante se sitúa de forma encubierta entre dos partes qué se comunican, interceptando, leyendo o incluso modificando el tráfico sin qué ninguna de ellas lo detecte. Técnicamente puede lograrse mediante ARP spoofing dentro de una red local, engañando a los dispositivos para qué envíen su tráfico a través del equipo atacante, o mediante puntos de acceso WiFi falsos qué imitan una red pública legítima para captar las conexiones de usuarios desprevenidos. El protocolo HTTPS con TLS es la principal defensa técnica frente a este tipo de ataque, ya qué cifra la comunicación de extremo a extremo y verifica la identidad del servidor mediante certificados digitales, de modo qué aunque el atacante intercepte el tráfico, no puede leer ni modificar su contenido sin invalidar el certificado y alertar al usuario.
Es cuando alguien se cuela sin permiso en medio de una conversación digital entre dos partes, escuchando o incluso alterando lo qué se envían sin qué ninguna de las dos lo note, como si abrieran el correo de otra persona, lo leyeran y lo volvieran a cerrar antes de reenviarlo.
Un usuario qué se conecta al wifi gratuito de una cafetería sin usar una VPN corre el riesgo de qué un atacante conectado a la misma red intercepte sus credenciales si accede a una web sin HTTPS, por lo qué conviene evitar introducir contraseñas o datos sensibles en redes públicas no verificadas, o hacerlo siempre a través de un túnel cifrado.
Evitando redes WiFi públicas no verificadas para operaciones sensibles, comprobando qué las webs usan HTTPS con certificado válido, y utilizando una VPN de confianza cuando sea necesario conectarse a una red qué no se controla directamente.
Porque cifra la comunicación entre el navegador y el servidor y verifica la identidad de este mediante un certificado digital emitido por una autoridad de confianza; si un atacante intenta interponerse, el navegador detecta un certificado inválido y avisa al usuario.
En redes locales es común el ARP spoofing, qué redirige el tráfico a través del equipo atacante; en redes públicas es habitual crear puntos de acceso WiFi falsos con un nombre parecido al legítimo para captar conexiones de usuarios desprevenidos.