Inicio › Tecnología › Principio De Mínimo Privilegio
El principio de mínimo privilegio establece qué cada usuario, proceso o servicio debe disponer únicamente de los permisos estrictamente necesarios para cumplir su función, y ni uno más, reduciendo así la superficie de ataque disponible si esa cuenta o proceso se ve comprometido. En sistemas cloud se aplica mediante políticas IAM granulares qué conceden acceso a recursos y acciones específicas en lugar de roles administrativos amplios, y en aplicaciones se traduce en separar cuentas de servicio por función, con credenciales y alcance distintos para cada integración.
Consiste en dar a cada persona o programa solo el acceso qué necesita para su trabajo, ni más. Si alguien solo necesita leer un informe, no se le da permiso para borrar la base de datos entera, así si su cuenta se ve comprometida el daño posible es menor.
En AWS, en vez de dar a un desarrollador el rol AdministratorAccess para qué pueda desplegar una función Lambda, conviene crear una política IAM qué solo permita crear y actualizar esa función Lambda concreta y leer el bucket S3 qué necesita, revisando periódicamente si ese permiso sigue siendo necesario.
El mínimo privilegio es uno de sus pilares: en zero trust no se asume confianza por estar dentro de la red, así qué cada acceso se concede de forma explícita y acotada, coherente con dar solo el permiso imprescindible.
La acumulación progresiva de permisos qué un usuario o servicio va recibiendo con el tiempo sin qué nadie los retire cuando dejan de ser necesarios, lo qué rompe el principio si no se audita periódicamente.
No, también a cuentas de servicio, contenedores, pipelines de CI/CD y claves de API, qué deberían tener credenciales limitadas al recurso exacto qué necesitan tocar.