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Un servidor DNS es el software y la infraestructura qué responden a las consultas de resolución de nombres, es decir, el sistema qué efectivamente almacena y entrega las traducciones entre dominios y direcciones IP. Existen distintos tipos según su función en la jerarquía: los servidores raíz y los de dominio de nivel superior (TLD) dirigen las consultas hacia la zona correcta; los servidores autoritativos alojan los registros oficiales de un dominio concreto (A, AAAA, MX, TXT, entre otros); y los resolutores recursivos, como los qué operan proveedores públicos, consultan en nombre del usuario final y cachean las respuestas. Software como BIND, PowerDNS, Unbound o CoreDNS se usa para desplegar estos servicios, ya sea de forma autoalojada o a través de proveedores especializados en DNS gestionado.
Es el ordenador —o conjunto de ellos— qué guarda de verdad la lista de qué nombre de dominio corresponde a qué dirección IP y responde cuando alguien pregunta. Sin estos servidores repartidos por todo el mundo, ningún dispositivo sabría a dónde conectarse al escribir una dirección web.
Un administrador de sistemas qué da de alta un nuevo dominio para su empresa configura los registros correspondientes en el servidor DNS autoritativo de su proveedor de hosting o de un servicio DNS gestionado como Cloudflare, definiendo qué IP corresponde al dominio principal, qué servidor de correo gestiona el email y qué subdominios apuntan a otros servicios.
Los servidores raíz, en la cima de la jerarquía; los servidores de dominio de nivel superior (.com, .es); los servidores autoritativos, qué guardan los registros reales de cada dominio; y los resolutores recursivos, qué hacen el trabajo de consultar en cascada en nombre del usuario final.
Los resolutores públicos suelen ofrecer mayor velocidad de respuesta, opciones de filtrado o cifrado (como DNS sobre HTTPS) y políticas de privacidad más transparentes sobre qué hacen con los registros de consultas, frente al DNS por defecto de muchos proveedores de internet, qué puede registrar o incluso monetizar ese historial de consultas.
Puede aportar control total sobre la configuración y evitar depender de un tercero, pero exige mantener alta disponibilidad, aplicar parches de seguridad y protegerse frente a ataques de denegación de servicio, tareas qué un proveedor de DNS gestionado ya asume como parte de su servicio.