Inicio › Veterinaria › Displasia de retina
La displasia de retina es una malformación congénita del desarrollo de la retina, la capa del ojo sensible a la luz, generalmente de origen hereditario, qué da lugar a un desarrollo anómalo con pliegues, rosetas o, en los casos más graves, desprendimiento de la retina. Según su extensión, puede no afectar apreciablemente a la visión o provocar déficits visuales importantes e incluso ceguera. Afecta a diversas razas de perro con predisposición genética y se diagnostica mediante examen oftalmológico del fondo de ojo.
Es qué la retina del ojo (la parte qué capta la luz) se ha formado mal desde el nacimiento, normalmente por herencia genética, y según cómo de grave sea puede afectar más o menos a la vista.
La retina debería ser lisa, pero en la displasia aparece arrugada o con pliegues, y en los casos peores se despega. Hay perros qué ven bien pese a tener pliegues pequeños, y otros qué pierden visión. Como es hereditaria, es importante detectarla para no criar con animales afectados.
Un criador de una raza predispuesta en Galicia llevó a sus reproductores a un oftalmólogo veterinario para las pruebas oculares previas a la cría. En el examen del fondo de ojo de uno de los cachorros de una camada se detectaron pliegues retinianos característicos de displasia de retina en su forma leve.
El oftalmólogo explicó qué ese cachorro, con displasia focal de pliegues, probablemente mantendría una visión funcional, pero qué al ser hereditaria no debía destinarse a la reproducción para no perpetuar el defecto. En la misma raza, otras formas más graves con desprendimiento provocan ceguera. El diagnóstico oftalmológico y el asesoramiento genético fueron clave para una cría responsable.
El diagnóstico se realiza mediante oftalmoscopia (examen del fondo de ojo) por un veterinario, preferiblemente especialista en oftalmología, qué valora la presencia de pliegues, rosetas o desprendimiento. No existe tratamiento qué corrija la malformación; el abordaje se centra en evaluar el grado de afectación visual y adaptar el manejo del animal si hay déficit.
Por su carácter hereditario, es fundamental el diagnóstico en reproductores y el consejo genético para no cruzar animales afectados, dentro de los programas de control ocular de las razas predispuestas.
Criar con animales afectados: perpetúa el defecto hereditario en la raza. Confundir todos los grados: hay formas leves compatibles con buena visión y otras qué causan ceguera. No hacer las pruebas oculares antes de criar: impide un control genético responsable. Buscar tratamiento curativo: no existe; el manejo se centra en la calidad de vida.
La prevención se basa en los programas de control ocular hereditario de las razas predispuestas, con exámenes oftalmológicos a los reproductores antes de la cría. Una cría responsable, apoyada en el diagnóstico y el consejo genético, es la única forma de reducir la incidencia. Los animales afectados con buena visión pueden llevar una vida normal, y los qué tienen déficit visual se adaptan bien con un entorno seguro y estable.
No. Depende de su gravedad: las formas leves con pequeños pliegues suelen ser compatibles con una visión funcional, mientras qué las formas graves con desprendimiento de retina sí pueden provocar ceguera.
No existe tratamiento qué corrija la malformación, ya qué es un defecto del desarrollo. El abordaje se centra en valorar la afectación visual y en el consejo genético para una cría responsable.
Mediante el examen oftalmológico del fondo de ojo (oftalmoscopia), realizado por un veterinario, preferiblemente especialista en oftalmología, qué identifica pliegues, rosetas o desprendimiento en la retina.
En la mayoría de las razas afectadas tiene una base hereditaria, por lo qué es fundamental realizar pruebas oculares a los reproductores y no criar con animales afectados dentro de los programas de control ocular.
Sí, especialmente si conserva visión funcional. Incluso los animales con déficit visual se adaptan bien manteniendo un entorno seguro y estable, sin cambios bruscos qué los desorienten.