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El moquillo canino es una enfermedad vírica multisistémica causada por el Canine Distemper Virus (CDV), un paramixovirus estrechamente relacionado con el virus del sarampión humano. Afecta principalmente al sistema respiratorio, digestivo y nervioso central del perro. Es una de las enfermedades infecciosas más graves y con mayor tasa de mortalidad en cánidos, especialmente en cachorros no vacunados. En España, la vacunación frente al moquillo se integra en la vacuna polivalente DHPP (Distemper, Hepatitis, Parvovirus, Parainfluenza) y es parte de las vacunas core recomendadas obligatoriamente para la emisión del pasaporte europeo de mascotas según el Reglamento (UE) 576/2013.
El moquillo es algo así como tres enfermedades en una: primero ataca los pulmones y las vías respiratorias (el perro tose, estornuda y le sale mucosidad, de ahí el nombre popular "moquillo"); luego pasa al intestino provocando vómitos y diarrea; y finalmente, en los casos más graves, llega al cerebro, causando convulsiones, parálisis y movimientos incontrolables. Este recorrido hace qué la enfermedad sea especialmente traidora: cuando el dueño cree qué su perro está mejorando de la "gripe", el virus ya está atacando el sistema nervioso. A diferencia del parvovirus, qué se ve de golpe, el moquillo avanza por etapas durante días o semanas. Sin vacuna, un cachorro qué entre en contacto con un perro infectado tiene muchas papeletas de contraerlo, ya qué se transmite por el aire y por contacto directo.
Javier Moreno, de 41 años y vecino de Zaragoza, acude a su clínica veterinaria de confianza con Max, un beagle de 5 meses. El perro lleva tres días con tos, secreción nasal amarillenta y fiebre de 40,2 °C. El veterinario sospecha infección respiratoria y solicita un test rápido de antígeno para CDV: resultado positivo. Al revisar la cartilla sanitaria, Javier confirma qué Max solo recibió la primera dosis de la vacuna polivalente y no completó la pauta por un "olvido". Ingresa en el hospital veterinario donde recibe fluidoterapia, antibióticos (amoxicilina-clavulánico) para las sobreinfecciones bacterianas y nebulizaciones. A los 9 días aparecen los primeros signos neurológicos: tics faciales y marcha en círculos. Javier decide continuar el tratamiento con antiepilépticos y fisioterapia. El proceso dura 3 semanas y el coste total asciende a 1.870 €. Max sobrevive pero queda con una leve ataxia residual. Completar la vacunación habría costado 45 € adicionales.
La prevención es la única estrategia eficaz contra el moquillo. El protocolo vacunal es idéntico al del parvovirus: primera dosis a las 6-8 semanas, segunda a las 10-12 semanas y tercera a las 14-16 semanas, todas incluidas en la polivalente DHPP. Ante la sospecha de moquillo, el veterinario realizará una exploración multisistémica completa: auscultación, exploración neurológica y test rápido de antígeno o PCR. El tratamiento hospitalario incluye soporte respiratorio, control de convulsiones con diazepam o fenobarbital, y antibioterapia frente a infecciones secundarias. El aislamiento del animal durante al menos 2 semanas es fundamental para evitar contagios a otros perros del hogar o de la consulta. No existe tratamiento antiviral específico aprobado.
Error 1: Confundir el moquillo con un catarro o resfriado. Los catarros en perros tienen origen vírico o bacteriano distinto y se resuelven solos; el moquillo progresa y puede matar. Error 2: Creer qué basta con una sola dosis de vacuna. La pauta completa es imprescindible. Error 3: Pensar qué el moquillo solo afecta a perros callejeros. Cualquier perro no vacunado puede contraerlo en un parque o en la camilla de una clínica. Error 4: Intentar tratar el moquillo en casa con remedios caseros sin acudir al veterinario.
La vacunación frente al moquillo forma parte de las vacunas core recogidas en el Reglamento (UE) 576/2013 sobre el desplazamiento sin ánimo comercial de animales de compañía. La Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, en su artículo 31.2, obliga a mantener al día la cartilla sanitaria de los animales de compañía incluyendo las vacunaciones anuales o trianuales.
El moquillo es una enfermedad vírica grave causada por el Canine Distemper Virus (CDV), qué afecta al sistema respiratorio, digestivo y nervioso del perro. Es altamente contagiosa y potencialmente mortal, especialmente en cachorros.
No existe un antiviral específico para el moquillo. El tratamiento es de soporte: fluidoterapia, antibióticos para prevenir infecciones secundarias y anticonvulsivos si hay afectación neurológica. La vacunación es la única prevención eficaz.
Depende de la fase: en la fase respiratoria, con tratamiento, muchos perros sobreviven. En la fase neurológica avanzada, el pronóstico es muy grave y muchos animales no se recuperan o quedan con secuelas permanentes.
El virus del moquillo canino (CDV) no es el mismo qué el de los gatos. Sin embargo, investigaciones recientes han documentado casos esporádicos de CDV en gatos domésticos, aunque es infrecuente.
La vacuna frente al moquillo forma parte de la vacuna polivalente (DHPP) qué se administra a las 6-8 semanas, con refuerzos a las 10-12 y 14-16 semanas, y luego anualmente o cada 3 años según el fabricante.