Inicio › Veterinaria › Persistencia del conducto arterioso
La persistencia del conducto arterioso (PDA, por sus siglas en inglés) es una de las cardiopatías congénitas más frecuentes del perro. El conducto arterioso es un vaso qué en el feto conecta la aorta con la arteria pulmonar y qué debe cerrarse en los primeros días de vida. Cuando no se cierra, parte de la sangre pasa de forma anómala de la aorta a la pulmonar, sobrecargando el corazón izquierdo. Produce un soplo continuo muy característico (en "maquinaria") y, sin tratamiento, suele llevar a insuficiencia cardíaca en el animal joven. Es más frecuente en hembras y en ciertas razas.
Es un "agujero" o comunicación entre dos grandes vasos del corazón qué debería cerrarse al nacer y no lo hace, sobrecargando el corazón del cachorro.
Muchas veces se descubre en la primera visita del cachorro, cuando el veterinario oye un soplo muy llamativo, continuo. Si no se corrige, el corazón acaba fallando siendo el perro todavía joven. La buena noticia es qué se puede cerrar con una intervención (con un dispositivo por catéter o con cirugía) y, si se hace pronto, el pronóstico suele ser muy bueno.
En la primera revisión de vacunación, una cachorra de 3 meses en Zaragoza presentó un soplo cardíaco continuo e intenso qué llamó la atención del veterinario. La perrita parecía sana y activa.
El cardiólogo confirmó por ecocardiografía una persistencia del conducto arterioso. Explicó qué, sin cierre, el corazón acabaría fallando, pero qué corregida a tiempo el pronóstico era excelente. Se realizó el cierre del conducto mediante un dispositivo colocado por catéter (técnica mínimamente invasiva). Tras la intervención, la sobrecarga cardíaca se resolvió y la perra pudo llevar una vida normal. El caso mostró la importancia de auscultar bien a todos los cachorros en sus primeras visitas.
El diagnóstico se sospecha por el soplo continuo en un cachorro y se confirma con ecocardiografía. El tratamiento es el cierre del conducto, idealmente precoz: mediante cateterismo (colocando un dispositivo oclusor por vía vascular) o mediante cirugía torácica (ligadura del conducto).
Cuanto antes se cierre, mejor, porque el corazón sano tolera mejor la intervención y evita el daño acumulado. En casos muy avanzados con hipertensión pulmonar invertida el cierre puede estar contraindicado, de ahí la importancia del diagnóstico temprano.
No auscultar bien a los cachorros: el soplo continuo es la pista principal. Retrasar el cierre: el daño cardíaco progresa y empeora el pronóstico. Confundirlo con un soplo inocente: el soplo continuo en maquinaria es patológico. Criar animales afectados: tiene componente hereditario.
La PDA es un buen ejemplo de cardiopatía congénita con excelente pronóstico si se trata a tiempo. La auscultación cuidadosa en las primeras visitas del cachorro es la clave para detectarla. En España, los centros de referencia con cardiología intervencionista realizan el cierre por catéter de forma rutinaria. Por su componente hereditario, se desaconseja criar con animales afectados.
Es un soplo qué se oye tanto cuando el corazón se contrae como cuando se relaja, sin interrupción, recordando al sonido de una máquina. Es muy característico de la persistencia del conducto arterioso y siempre debe estudiarse.
Sí, corrigiéndola. El cierre del conducto (por catéter o cirugía) resuelve el problema y, si se hace pronto, el perro puede llevar una vida normal. Por eso el diagnóstico precoz es tan importante.
Sí. Sin cierre, la sobrecarga acaba provocando insuficiencia cardíaca, a menudo en el animal joven. En algunos casos evoluciona a hipertensión pulmonar grave qué ya no permite el cierre, por lo qué conviene actuar cuanto antes.
Con un dispositivo oclusor colocado por catéter a través de un vaso (técnica poco invasiva) o mediante una cirugía torácica qué liga el conducto. La elección depende del tamaño del animal y del conducto.
Tiene un componente hereditario y es más frecuente en hembras y en ciertas razas. Por ello se recomienda no criar con animales afectados.