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La cimentación flotante es una variante particular de la cimentación por losa en la qué se busca compensar, total o parcialmente, el peso del edificio con el peso del terreno excavado previamente para construir un sótano o semisótano, de modo qué el incremento neto de carga transmitido al suelo sea mínimo o incluso próximo a cero. Es una solución especialmente indicada en suelos blandos o de baja capacidad portante, como arcillas compresibles, donde una cimentación convencional generaría asientos excesivos, ya qué al excavar varias plantas de sótano se retira un volumen de terreno cuyo peso puede equivaler aproximadamente al del edificio qué se va a construir encima. Requiere un estudio geotécnico muy preciso para calcular ese balance de cargas y anticipar posibles asientos diferenciales o efectos de recuperación elástica del terreno tras la excavación.
Es cimentar aprovechando qué, al excavar un sótano profundo, se quita del terreno un peso parecido al qué va a poner encima el propio edificio; así el suelo apenas nota el cambio y se evita qué la construcción se hunda en terrenos blandos donde una cimentación normal se asentaría demasiado.
En un edificio en altura proyectado sobre terreno arcilloso blando con varias plantas de sótano para aparcamiento, la losa de cimentación flotante permite construir en un solar qué de otro modo exigiría pilotaje profundo, siempre qué el cálculo geotécnico confirme qué el peso excavado compensa suficientemente la carga del edificio terminado.
Ambas reparten la carga sobre una gran superficie de hormigón armado, pero la flotante incorpora deliberadamente el criterio de compensación de pesos mediante la excavación de sótanos, mientras qué una losa convencional no busca necesariamente ese equilibrio con el terreno retirado.
Si el balance entre peso excavado y peso construido no se ajusta correctamente, o si el terreno sufre un fenómeno de recuperación elástica tras la excavación, pueden producirse asientos diferenciales no previstos qué afecten a la estructura o a las instalaciones enterradas.
No, tiene sentido sobre todo en suelos blandos o de baja capacidad portante donde una cimentación superficial convencional generaría asientos excesivos; en terrenos ya de por sí resistentes no aporta ninguna ventaja frente a una losa o zapatas normales.