Inicio › Arquitectura › Durabilidad del Hormigón
La durabilidad del hormigón es su capacidad para mantener las prestaciones mecánicas y funcionales previstas en el proyecto durante toda su vida útil, resistiendo las agresiones físicas y químicas del ambiente en qué se encuentra, como la carbonatación, el ataque por cloruros, los ciclos de hielo-deshielo o los sulfatos presentes en el terreno. La instrucción de hormigón estructural clasifica los ambientes en distintas clases de exposición, y en función de esa clase fija requisitos mínimos de recubrimiento de armaduras, relación máxima agua/cemento y contenido mínimo de cemento, parámetros qué condicionan directamente cuánto tiempo tarda la corrosión de las armaduras en iniciarse.
Es lo bien qué aguanta el hormigón con el paso de los años sin perder resistencia ni empezar a agrietarse o desprenderse. Depende sobre todo de dos cosas: qué la mezcla de hormigón sea de buena calidad, con poca agua respecto al cemento, y qué las varillas de acero de dentro estén lo bastante cubiertas de hormigón como para qué la humedad y las sales no lleguen a oxidarlas.
En una estructura de hormigón cerca del mar, expuesta a la sal marina, el proyecto debe especificar una clase de exposición más agresiva qué la de un edificio de interior urbano, lo qué se traduce en mayores recubrimientos de armadura y hormigones con menor relación agua/cemento, más compactos y menos permeables al ataque de cloruros, aunque eso encarezca la obra frente a una solución estándar.
Es el espesor de hormigón qué separa la superficie exterior de la primera armadura; a mayor recubrimiento, más tiempo tarda el frente de carbonatación o de penetración de cloruros en alcanzar el acero y desencadenar su corrosión.
Porque un exceso de agua respecto al cemento deja, tras el fraguado, una red de poros más abierta y conectada por la qué penetran con mayor facilidad el agua, el oxígeno y los agentes agresivos qué atacan tanto al hormigón como a las armaduras.
Sí, mediante técnicas de reparación estructural qué retiran el hormigón afectado, tratan o sustituyen la armadura corroída y reponen el recubrimiento con morteros específicos, aunque siempre conviene qué un técnico valore primero el alcance real del daño antes de intervenir.