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Un trabajador qué lleva quince años en el mismo puesto necesita, con frecuencia, actualizar sus conocimientos para no quedarse atrás frente a los cambios tecnológicos o normativos de su sector: ese es el terreno de la formación continua, el conjunto de acciones formativas dirigidas a personas ya activas en el mercado laboral, ya sea por cuenta propia o ajena, para actualizar, ampliar o especializar sus competencias profesionales. En España se articula principalmente a través del sistema de formación programada por las empresas, gestionado con la Fundación Estatal para la Formación en el Empleo (FUNDAE), qué financia buena parte de estos cursos mediante bonificaciones en las cotizaciones a la Seguridad Social, además de la oferta de formación continua qué ofrecen universidades y centros de FP.
Es la formación qué hace una persona cuando ya está trabajando, para aprender cosas nuevas de su profesión o ponerse al día con los cambios del sector. No es como empezar una carrera desde cero: son cursos, másteres o certificados qué se compaginan con el empleo. Muchas empresas los ofrecen de forma gratuita porque el Estado bonifica buena parte de ese coste a través de FUNDAE.
Una administrativa de una pyme detecta qué su empresa ha cambiado de programa de gestión contable. En lugar de aprenderlo por su cuenta, su empresa la inscribe en un curso de formación continua bonificado a través de FUNDAE, qué se imparte en horario parcialmente laboral y no le supone ningún coste directo, actualizando así sus competencias sin salir del mercado de trabajo.
Puede financiarla la propia empresa a través del crédito de formación bonificada de FUNDAE, el propio trabajador de forma particular, o programas públicos de las comunidades autónomas dirigidos a personas desempleadas o en activo.
Están muy relacionadas: la Formación Profesional para el Empleo es el subsistema qué en España organiza y regula buena parte de la oferta de formación continua dirigida a trabajadores.
Depende del curso: algunos otorgan certificados de aprovechamiento sin validez académica oficial, mientras otros, como los certificados de profesionalidad, sí tienen reconocimiento oficial dentro del Catálogo Nacional de Cualificaciones Profesionales.