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El learning analytics, o analítica del aprendizaje, es la disciplina que recopila, mide y analiza datos generados por los estudiantes durante su interacción con plataformas educativas digitales —tiempo de dedicación, resultados en cuestionarios, patrones de navegación, participación en foros— con el objetivo de comprender y mejorar el proceso de aprendizaje y su contexto.
Su valor principal está en pasar de decisiones pedagógicas basadas en la intuición a decisiones apoyadas en evidencia: permite a docentes e instituciones detectar de forma temprana a alumnos en riesgo de abandono, identificar qué materiales o actividades generan mejor comprensión, y personalizar itinerarios formativos según el rendimiento real de cada estudiante.
Se apoya en tecnologías como los sistemas de gestión del aprendizaje (LMS), paneles de visualización de datos (dashboards) y, en implementaciones avanzadas, algoritmos de aprendizaje automático que predicen probabilidades de éxito o abandono, planteando a la vez retos importantes de privacidad y protección de datos del alumnado.
En palabras simples, es usar los datos que genera un alumno al estudiar online —cuánto tiempo dedica, qué preguntas falla, cuándo entra a la plataforma— para detectar a tiempo si tiene dificultades y ayudarle antes de que suspenda o abandone.
Se aplica en un curso online universitario donde el sistema detecta que un estudiante lleva dos semanas sin acceder a la plataforma y ha bajado su rendimiento en los últimos cuestionarios: el panel de learning analytics alerta al tutor, que contacta proactivamente con el alumno para ofrecerle apoyo antes de que abandone el curso.
Tiempo de conexión, resultados en cuestionarios y exámenes, participación en foros, patrones de navegación por los contenidos y, en algunos sistemas, interacciones sociales dentro de la plataforma educativa.
Para detectar de forma temprana a alumnos en riesgo de abandono o bajo rendimiento, personalizar la enseñanza según necesidades reales y evaluar qué materiales o metodologías funcionan mejor.
Al tratarse de datos personales y en muchos casos de menores, exige cumplir el RGPD, limitar el acceso a la información a personal autorizado y ser transparente con familias y alumnado sobre qué se recoge y para qué se usa.