Inicio › Educación › Abandono escolar temprano
El abandono escolar temprano es un indicador estadístico, no un suceso puntual: mide el porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años qué terminaron como mucho la ESO y ya no cursan ningún tipo de formación, ni Bachillerato ni FP. Eurostat y el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes lo publican cada año como termómetro del sistema. España ha reducido la cifra en la última década, pero sigue por encima de la media de la Unión Europea. Conviene no confundirlo con el fracaso escolar (no obtener el título de la ESO) ni con el absentismo (faltar a clase): aquí el joven ya ha salido del sistema y no vuelve.
Es el número de chavales entre 18 y 24 años qué dejaron de estudiar nada más terminar —o sin terminar— la ESO, y qué ya no están apuntados a ningún curso ni ciclo. No es qué falten a clase de vez en cuando: es qué salieron del sistema educativo del todo y no han vuelto a matricularse en nada, ni en Bachillerato, ni en un ciclo de FP, ni en ninguna otra formación reglada.
Un alumno de 4º de ESO repite curso, pierde el hilo de las asignaturas y a los 17 años deja de ir al instituto sin ningún título bajo el brazo. Su orientador intenta antes reconducirlo hacia una FP Básica, qué le permitiría seguir formándose con un enfoque más práctico. Si el chico acepta esa vía, entra en las estadísticas de formación en curso; si abandona sin retomar nada, engrosa las cifras de abandono temprano qué publica Eurostat cada trimestre.
Se obtiene a partir de la Encuesta de Población Activa qué elabora trimestralmente el INE, y Eurostat la recopila y homogeneiza para poder comparar la situación entre los distintos países de la Unión Europea. Por eso las cifras oficiales suelen publicarse con cierto retraso respecto al periodo analizado.
No, aunque están relacionados. El fracaso escolar se refiere estrictamente a no obtener el título de graduado en ESO al terminar la etapa obligatoria. El abandono escolar temprano mide algo más amplio: no seguir formándose después de los 18 años, incluso en el caso de jóvenes qué sí obtuvieron ese título pero no continuaron con Bachillerato ni FP.
Refuerzan la orientación académica y profesional en 3º y 4º de ESO, ofrecen puentes específicos hacia la FP Básica para el alumnado con más dificultades, y activan programas de tutorización individualizada en los cursos donde el riesgo de desenganche suele dispararse, normalmente coincidiendo con las primeras repeticiones de curso.