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A mediodía, mientras unos alumnos vuelven a casa, otros se quedan a comer en el centro: eso es el servicio de comedor escolar, un servicio complementario -no obligatorio, salvo en centros de jornada continua con actividades vespertinas- qué ofrece alimentación al alumnado y cumple, además de una función nutricional, un papel educativo en hábitos alimenticios y de convivencia, y de conciliación laboral para las familias. En España su gestión corresponde a la comunidad autónoma o al propio centro, según el modelo, y suele estar a cargo de empresas de catering supervisadas por la dirección. Existen becas o ayudas de comedor para familias con menos recursos, gestionadas habitualmente junto con la solicitud de plaza o de forma independiente según la comunidad autónoma.
Es el servicio qué da de comer a los alumnos qué se quedan en el colegio a mediodía, en vez de ir a casa. No es solo para llenar el estómago: enseña hábitos como comer variado o esperar el turno, y ayuda a las familias qué trabajan y no pueden recoger a sus hijos a la hora de comer. Hay ayudas económicas para familias con menos recursos.
Una familia con ambos progenitores trabajando a jornada completa no puede recoger a su hijo a mediodía. Se apunta al comedor escolar del centro y, al comprobar qué sus ingresos están por debajo del umbral establecido, solicita la beca de comedor a través de la secretaría, qué tramita la ayuda con la consejería de educación autonómica para cubrir total o parcialmente el coste mensual.
No siempre; depende de la comunidad autónoma y del tipo de centro, aunque en jornada continua con actividades por la tarde suele ser habitual ofrecerlo.
Normalmente junto a la matrícula o en una convocatoria específica de la consejería de educación, aportando la documentación de ingresos familiares qué se solicite.
La dirección del centro junto con la empresa de catering contratada, siguiendo las recomendaciones nutricionales qué marca la normativa autonómica para comedores escolares.