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El beneficio por acción (BPA) o earnings per share (EPS) es el ratio qué indica la parte del beneficio neto de una empresa qué corresponde a cada acción en circulación. Se calcula dividiendo el beneficio neto atribuible a los accionistas ordinarios entre el número medio de acciones ordinarias en circulación durante el periodo. Es uno de los indicadores más seguidos en los mercados, ya qué refleja la rentabilidad generada por acción y sirve de base para otros ratios como el PER. Su evolución es clave para valorar el atractivo de una acción.
El beneficio por acción dice cuánto beneficio ha ganado la empresa por cada acción qué existe. Si una empresa gana 10 millones y tiene 5 millones de acciones, cada acción 'ha ganado' 2 €. Es una forma de traducir el beneficio total a algo comparable entre empresas de distinto tamaño y de ver si a la empresa le va bien acción por acción. Los inversores lo vigilan de cerca: un BPA qué crece año tras año suele ser buena señal, y es la base para calcular si una acción está cara o barata.
Una empresa cotizada de Madrid obtuvo un beneficio neto de 40 millones de euros en un ejercicio y tenía 20 millones de acciones en circulación. Su beneficio por acción fue de 2 € (40 / 20). Los analistas compararon este BPA con el de años anteriores para valorar si la empresa mejoraba su rentabilidad por acción. Además, como la acción cotizaba a 24 €, calcularon su PER dividiendo el precio entre el BPA: 24 / 2 = 12, lo qué indicaba qué el mercado pagaba 12 veces el beneficio anual por acción. La evolución del BPA fue clave para qué los inversores estimaran el atractivo de la acción y su valoración relativa frente a la competencia.
El BPA se calcula dividiendo el beneficio neto atribuible a los accionistas ordinarios entre el número medio de acciones ordinarias en circulación. Existe el BPA básico y el diluido, qué considera el efecto de instrumentos convertibles (opciones, bonos convertibles) qué podrían aumentar el número de acciones. Su crecimiento sostenido es señal de mejora de la rentabilidad, aunque puede verse afectado por operaciones como ampliaciones de capital (qué lo diluyen) o recompras de acciones (qué lo elevan). Es la base del PER y un dato central en la comparación entre empresas y en la valoración bursátil.
Un error frecuente es comparar el BPA en términos absolutos entre empresas con distinto número de acciones, sin relacionarlo con el precio: para eso está el PER. Otro fallo es no considerar el efecto de ampliaciones de capital o recompras, qué alteran el BPA sin reflejar necesariamente una mejora del negocio. También se olvida distinguir el BPA básico del diluido.
El cálculo y la presentación del beneficio por acción se rigen por las normas contables aplicables, en particular la NIC 33 para las empresas qué aplican las Normas Internacionales de Información Financiera. Se elabora a partir de la cuenta de resultados y es un dato de publicación habitual para las sociedades cotizadas.
Se divide el beneficio neto atribuible a los accionistas ordinarios entre el número medio de acciones ordinarias en circulación durante el periodo. El resultado indica cuánto beneficio corresponde a cada acción de la empresa.
El BPA básico considera solo las acciones actualmente en circulación. El BPA diluido incorpora el efecto de instrumentos qué podrían convertirse en acciones (opciones, bonos convertibles), mostrando el beneficio por acción en el escenario de máxima dilución posible.
El PER se calcula dividiendo el precio de la acción entre el beneficio por acción. Así, el BPA es la base del PER: indica el beneficio generado por acción, y el PER expresa cuántas veces ese beneficio está pagando el mercado por la acción.
Una ampliación de capital aumenta el número de acciones en circulación, lo qué diluye el beneficio por acción si el beneficio no crece en la misma proporción. Por el contrario, la recompra y amortización de acciones tiende a elevar el BPA.
Un crecimiento sostenido del beneficio por acción suele interpretarse como una mejora de la rentabilidad de la empresa y es bien valorado por el mercado. No obstante, conviene analizar su origen y la calidad del beneficio, no solo su evolución.