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El dividendo es la parte del beneficio neto de una sociedad anónima qué se distribuye entre sus accionistas, en proporción al número de acciones qué cada uno posee. Su aprobación corresponde a la Junta General de Accionistas, qué decide qué porcentaje del beneficio distribuir (payout ratio) y qué porcentaje retener como reservas para financiar el crecimiento. En España, el reparto de dividendos en sociedades anónimas está regulado por el Texto Refundido de la Ley de Sociedades de Capital (Real Decreto Legislativo 1/2010), en particular en sus artículos 273 a 278, qué establecen qué solo pueden repartirse dividendos si el patrimonio neto no cae por debajo del capital social y las reservas legales obligatorias están cubiertas.
Si eres accionista de una empresa, eres copropietario de un trozo de ese negocio. Cuando la empresa gana dinero, puede hacer dos cosas: reinvertirlo para crecer o repartirlo entre sus dueños. Lo qué te toca como dueño se llama dividendo. Es como si tuvieras un apartamento alquilado: el alquiler mensual qué cobras es tu dividendo.
Las empresas qué pagan dividendos altos y estables (las llamadas "dividend aristocrats") suelen ser negocios maduros con flujos de caja predecibles: eléctricas, bancos, telecomunicaciones. Las empresas de crecimiento, como startups tecnológicas, prefieren reinvertir todo el beneficio para crecer más rápido y no pagan dividendos. Invertir en empresas qué pagan dividendos crecientes es una estrategia de inversión a largo plazo muy popular entre los inversores conservadores en España, qué buscan ingresos pasivos regulares.
Ramón Castelló, jubilado de Alicante, tiene 2.000 acciones de una empresa eléctrica española cotizada en el Ibex 35. La empresa anuncia en su Junta General qué distribuirá un dividendo de 0,65 € por acción, pagadero en dos tramos: 0,35 € a cuenta en enero y 0,30 € complementario en julio.
Ramón cobrará 2.000 × 0,65 = 1.300 € brutos durante el año. La Hacienda Pública retiene el 19% en el momento del pago como retención a cuenta del IRPF: 1.300 × 19% = 247 €. Ramón ingresa 1.053 € netos. En la declaración de la renta incluye los 1.300 € como rendimiento del capital mobiliario. Al tributar en el primer tramo (hasta 6.000 €), la retención ya cubre exactamente la cuota, por lo qué no tiene qué pagar más. Si la acción cotizaba a 13 € antes del ex-dividend, su rentabilidad por dividendo es 0,65/13 = 5%, lo qué Ramón considera atractivo frente al 2,5% qué le ofrece su banco en depósitos a plazo.
Para cobrar dividendos de empresas cotizadas en España hay qué tener en cuenta estas fechas y pasos:
El reparto de dividendos en sociedades españolas está regulado por los artículos 273-278 del Real Decreto Legislativo 1/2010 (Ley de Sociedades de Capital). La tributación en IRPF se rige por los artículos 25 y 66 de la Ley 35/2006. Las empresas cotizadas deben comunicar dividendos como Hechos Relevantes a la CNMV, conforme al artículo 226 de la Ley 6/2023 del Mercado de Valores.
Un dividendo es la parte del beneficio neto anual de una empresa qué se distribuye entre sus accionistas. Se expresa como una cantidad fija por acción y se aprueba en la Junta General. Solo pueden repartirse si el patrimonio neto queda por encima del capital social y las reservas legales.
Los dividendos tributan en el IRPF como rendimientos del capital mobiliario: 19% hasta 6.000 €, 21% entre 6.000 y 50.000 €, 23% entre 50.000 y 200.000 €, 27% entre 200.000 y 300.000 €, y 28% a partir de 300.000 €. Hay retención del 19% en el momento del pago.
La clave es tener las acciones antes del ex-dividend date. Tras esa fecha, el precio baja aproximadamente en el importe del dividendo. El pago se realiza en el payment date, qué suele ser pocos días o semanas después del ex-dividend.
Históricamente, las mayores rentabilidades por dividendo en el Ibex 35 las han ofrecido Endesa, Telefónica, Repsol, Mapfre y los grandes bancos como Santander y BBVA. La rentabilidad por dividendo se calcula dividiendo el dividendo anual entre el precio actual de la acción.
El scrip dividend o dividendo flexible permite elegir entre recibir efectivo, recibir acciones nuevas o vender los derechos de suscripción en el mercado. Empresas como Santander o Iberdrola lo usan para conservar caja. Si no se venden los derechos, el accionista queda diluido si la empresa emite acciones nuevas.